Hay competiciones de esquí en las que el tiempo marca al milésima si eres el más rápido. Y hay otras en las que lo que se valora es algo diferente: la elegancia, el valor, la creatividad y la capacidad de leer una montaña virgen como si fuera un lienzo. El Freeride World Tour pertenece a esta segunda categoría, y es sin duda el espectáculo más impresionante que el mundo del esquí tiene para ofrecer.
El FWT nació formalmente en 2008, aunque sus raíces se encuentran en las primeras competiciones de freeride que emergieron en los Alpes y Norteamérica durante los años 90, impulsadas por la cultura del esquí extremo que buscaba terreno virgen más allá de las pistas balizadas. El concepto era revolucionario: en lugar de llevar a los competidores a una pista preparada, se les plantaba ante una ladera de alta montaña y se les decía: “Bajad como queráis, el jurado lo valora todo.”
El escenario: montaña real, riesgo real
Lo que diferencia al FWT de cualquier otra competición de nieve es el escenario. Las laderas utilizadas —aprobadas por los organizadores y los servicios de seguridad de montaña— son terreno de alta montaña con pendientes que superan los 45 grados, rocas expuestas, canales estrechos y barrancos que exigen una gestión del riesgo permanente.
Verbier (Suiza) es el escenario más emblemático. El Bec des Rosses, una pared de 500 metros de desnivel con pendientes extremas y rocas dispersas, es el campo de batalla donde se decide el título mundial. Los mejores esquiadores del planeta se enfrentan aquí a un terreno que no perdona los errores: una línea mal elegida puede terminar en caída o, en casos extremos, en accidente grave.
Categorías y participantes
El FWT incluye pruebas masculinas y femeninas en esquí y snowboard, lo que supone cuatro rankings independientes. Los participantes son profesionales que compiten durante toda la temporada —generalmente de enero a abril— acumulando puntos en cada parada del circuito.
Figuras como Léo Slemett (Francia), Markus Eder (Austria/Italia) y Arianna Tricomi (Italia, tres veces campeona mundial) han llevado el freeride competitivo a un nivel de espectacularidad sin precedentes. Sus descensos —grabados desde helicópteros y drones y difundidos en redes sociales— han multiplicado la audiencia del FWT más allá del público tradicional de la montaña.
La relación con los Juegos Olímpicos
El freeride como disciplina olímpica todavía no existe: el COI ha incorporado el freestyle y el snowboard acrobático, pero la modalidad de montaña virgen permanece fuera del programa por las dificultades logísticas y de seguridad que conllevaría. Sin embargo, el FWT ha contribuido a popularizar una filosofía del esquí —la búsqueda de la montaña virgen, la creatividad sobre la técnica reglada— que ha influido en cómo millones de esquiadores recreativos entienden su deporte.