Alberto Tomba fue el primer esquiador alpino en convertirse en una auténtica estrella popular más allá del mundo del esquí. Sus 3 oros olímpicos, sus 50 victorias en Copa del Mundo y su personalidad arrolladora lo convirtieron en uno de los deportistas más carismáticos de los años 80 y 90 en Europa.
Bolonia como punto de partida
Nacido el 19 de diciembre de 1966 en San Lazzaro di Savena, cerca de Bolonia, Tomba no procedía de las regiones alpinas de Italia. Aprendió a esquiar en la escuela y progresó con una rapidez inusual gracias a un talento natural excepcional y a una potencia física que le permitía atacar las puertas con una intensidad que sus rivales raramente podían igualar.
Su ascenso en el circuito internacional fue meteórico. A finales de los años ochenta ya era el mejor esquiador en técnica —slalom y gigante— del mundo, y su dominio en esas disciplinas duraría más de una década.
Dos oros en Calgary 1988
Los Juegos Olímpicos de Invierno de Calgary 1988 catapultaron a Tomba a la fama mundial. Ganó el oro en slalom gigante y en slalom especial, convirtiéndose en el primer esquiador alpino en ganar dos disciplinas en unos mismos Juegos de Invierno. Tenía 21 años y el mundo del esquí empezó a hablar de él como de una generación aparte.
Albertville 1992 y la confirmación
En los Juegos de Albertville 1992, celebrados en los Alpes franceses, Tomba repitió el oro en slalom gigante. Fue su tercer título olímpico en dos ciclos consecutivos, un logro que consolidó su posición como el esquiador alpino más condecorado de su era.
El carisma como marca personal
Lo que distinguía a Tomba de otros grandes campeones era su personalidad. Mientras otros esquiadores de élite proyectaban una imagen seria y discreta, Tomba era todo lo contrario: extrovertido, divertido y espontáneo. Sus apariciones públicas, sus comentarios en los medios y su actitud en los paddocks de las competiciones lo hacían irresistible para el público y para la prensa.
Su apodo, Tomba La Bomba, nació de su estilo de esquí explosivo pero acabó describiendo también su personalidad. Italia lo adoptó como un héroe nacional de una dimensión que pocos deportistas de invierno han alcanzado en ese país.