La separación entre nórdico y alpino
Durante la mayor parte del siglo XIX, el esquí fue una sola actividad: desplazarse sobre nieve. Pero a medida que el deporte se diversificó, fueron emergiendo dos tradiciones claramente diferenciadas.
El esquí nórdico es el más antiguo y conserva los vínculos con el esquí utilitario escandinavo. Comprende el esquí de fondo (travesía de largas distancias), el biatlón (fondo más tiro) y los saltos. Es un esquí de resistencia, de técnica depurada y de largas travesías sobre terreno relativamente llano o con pendientes moderadas. La fijación nórdica deja libre el talón del esquiador, lo que permite el movimiento de propulsión característico.
El esquí alpino nació del encuentro entre las técnicas nórdicas y las exigencias del terreno montañoso de los Alpes. Desde finales del siglo XIX, los entusiastas del esquí en Austria, Suiza y Francia comenzaron a explorar las posibilidades del descenso a gran velocidad por pendientes empinadas. El austríaco Matthias Zdarsky y el inglés Arnold Lunn fueron los grandes teóricos del esquí alpino, y el inglés introdujo el slalom (del noruego slalåm, “pista en pendiente”) como modalidad de competición en 1921, en la estación de Mürren, Suiza.
Los primeros campeonatos y la FIS
La Federación Internacional de Esquí (FIS, del francés Fédération Internationale de Ski) fue fundada en 1924, el mismo año que los primeros Juegos Olímpicos de Invierno. Inicialmente centrada en el esquí nórdico, la FIS incorporó el esquí alpino a su programa competitivo en la siguiente década.
Los Campeonatos del Mundo de Esquí Alpino se disputan desde 1931, cuando se celebró el primero en Mürren, Suiza. La alemana Inge Lantschner y el austríaco David Zogg fueron los primeros campeones del mundo. Desde entonces, el campeonato se disputa cada dos años (en los años no olímpicos) y constituye, junto con la Copa del Mundo, el principal escaparate de la élite del esquí alpino.
La primera gran estrella de los campeonatos mundiales fue el austríaco Anton “Toni” Seelos, que entre 1931 y 1935 ganó múltiples títulos en slalom y combinada y se convirtió en el primer ídolo popular del esquí alpino moderno.
El esquí alpino llega a los Juegos Olímpicos
Los primeros Juegos Olímpicos de Invierno se celebraron en Chamonix en 1924, pero el esquí alpino no formó parte de su programa. Ese primer programa olímpico de invierno incluyó solo disciplinas nórdicas: fondo, saltos y la combinada nórdica.
El esquí alpino tuvo que esperar hasta Garmisch-Partenkirchen 1936 para debutar en el programa olímpico. Se disputó una sola prueba, la combinada alpina (descenso más slalom) para hombres y mujeres. El alemán Franz Pfnür y la noruega Laila Schou Nilsen fueron los primeros campeones olímpicos de esquí alpino.
En los Juegos de St. Moritz 1948, el programa se amplió para incluir el descenso y el slalom por separado, además de la combinada. El gigante se incorporó en Oslo 1952, el supergigante en Calgary 1988 y el supercombinada (que sustituyó a la combinada clásica) en Vancouver 2010.
La Copa del Mundo: el circuito que lo cambió todo
La gran revolución del esquí alpino del siglo XX fue la creación de la Copa del Mundo en 1967. La idea fue del periodista francés Serge Lang, que propuso un circuito de carreras distribuidas a lo largo de toda la temporada, con puntos acumulables y un ganador global al final. El director de la FIS Marc Hodler aceptó el proyecto, y la Copa del Mundo echó a andar con la primera carrera en Berchtesgaden el 5 de enero de 1967.
El austriaco Jean-Claude Killy ganó la primera Copa del Mundo masculina ese mismo año y repitió en 1968, el año en que también se llevó los tres oros olímpicos disponibles en los Juegos de Grenoble. Su arrolladora dominación convirtió al esquí alpino en un deporte mediático de primera magnitud en Francia y en Europa.
El modelo de la Copa del Mundo fue el catalizador de la profesionalización del esquí: los atletas comenzaron a vivir de patrocinios y contratos, las estaciones de esquí compitieron por organizar las carreras más prestigiosas, y la televisión transformó el deporte en un espectáculo de masas.
La revolución del carving y los esquís modernos
En los años 1990 se produjo la mayor revolución técnica en la historia del material de esquí: la aparición del esquí de carving o talla. A diferencia del esquí tradicional, de lados casi rectos, el esquí de carving tiene una geometría de cintura muy pronunciada que permite realizar virajes profundos con mínima resistencia y máximo control.
El carving transformó radicalmente la técnica del esquí alpino: los giros pasaron de requerir una técnica de pivote —rotación activa del cuerpo— a poder ejecutarse mediante la simple inclinación y presión sobre el canto del esquí. El resultado fue esquiadores más rápidos, trayectorias más limpias y un espectáculo más atractivo para el televidente.