Un dominio sin precedentes
En la historia de los Campeonatos del Mundo de Floorball, dos naciones han dominado de manera casi absoluta: Suecia y Finlandia. Desde la primera edición del Mundial masculino en 1996 hasta las ediciones más recientes, el palmarés está prácticamente monopolizado por estas dos potencias nórdicas. Solo en raras ocasiones otro país ha logrado disputarles la hegemonía, y ninguno ha conseguido arrebatarles el título.
Este dominio no es casual: tanto Suecia como Finlandia cuentan con una base de practicantes enormes, ligas nacionales de altísimo nivel (la SSL sueca y la Salibandyliiga finlandesa), y una tradición de cantera que produce continuamente nuevos talentos de primer nivel mundial.
Suecia en el mundial masculino
Suecia fue el primer campeón del mundo en 1996 y ha revalidado ese título en múltiples ocasiones. La selección sueca ha construido su dominio sobre una liga nacional (SSL) que atrae a los mejores jugadores internacionales y sobre una metodología de trabajo en las categorías de base que garantiza un flujo constante de nuevos talentos.
Los equipos suecos han sido además referentes tácticos: el juego sueco, muy basado en la velocidad, las transiciones rápidas y el pressing alto, ha influido en el estilo de juego de prácticamente todas las selecciones competitivas del mundo.
Finlandia como eterno rival
Finlandia ha sido el gran rival de Suecia en todos los campeonatos del mundo. Los duelos finlandés-suecos en semifinales y finales del Mundial masculino han definido la historia del floorball internacional. El salibandy —nombre del floorball en finlandés— tiene en Finlandia un arraigo social comparable al del hockey sobre hielo.
En el Mundial femenino, el dominio se ha distribuido de forma más equilibrada entre las dos naciones nórdicas, con ediciones que ha ganado Suecia y ediciones que ha ganado Finlandia.
El resto del mundo
Suiza ha sido la tercera potencia del floorball mundial, con llegadas a las finales tanto en masculino como en femenino. República Checa, Letonia y Eslovaquia han conseguido llegar a las semifinales en algunas ediciones. Sin embargo, la brecha respecto a los dos grandes sigue siendo significativa.