La relación entre el footgolf y el golf convencional es uno de los aspectos más interesantes de la historia del deporte emergente. Lo que podría haber sido una relación de competencia o de rechazo se ha convertido, en muchos casos, en una alianza mutuamente beneficiosa que ha dado un segundo aire a instalaciones que lo necesitaban.
El contexto del golf español: una industria bajo presión
Para entender por qué los clubes de golf han acogido el footgolf con los brazos abiertos, hay que entender primero el contexto del golf en España. El golf español tuvo una expansión espectacular entre los años 1990 y 2007, con la construcción de cientos de campos nuevos, muchos de ellos ligados al boom urbanístico e inmobiliario. Cuando ese ciclo se agotó y la crisis económica llegó (2008-2012), muchos campos se encontraron con instalaciones costosas de mantener y una base de socios que no paraba de reducirse.
El número de federados en golf en España se redujo significativamente en esa época, y muchos campos tuvieron que buscar nuevas fórmulas para sobrevivir financieramente. Algunos cerraron, otros se reconvirtieron y un número significativo empezó a abrir sus instalaciones a actividades complementarias, entre ellas el footgolf.
El caso de negocio del footgolf para los clubs de golf
El footgolf ofrece a los clubes de golf un conjunto de ventajas concretas:
Nuevos ingresos sin inversión de infraestructura: el footgolf no requiere la construcción de nuevas instalaciones. Los hoyos de footgolf se excavan en zonas del campo que los golfistas apenas usan (rough, zonas perimetrales) y el único coste significativo es la instalación de los hoyos de 53 cm y la señalización. La inversión inicial es modesta comparada con cualquier otra mejora de las instalaciones.
Nuevos públicos: el footgolf atrae a perfiles de usuario radicalmente diferentes a los del golf convencional. Familias con niños, jóvenes de 20-35 años, grupos de amigos futbolistas, empresas que buscan actividades de team building: todos son segmentos de demanda que raramente pisarían un campo de golf de no ser por el footgolf.
Mejor ocupación del campo: los campos de golf suelen tener horas de baja demanda, especialmente los días de diario y en determinadas franjas horarias. El footgolf, dirigido a un perfil de usuario con horarios más flexibles (familias con niños en fin de semana, jóvenes por la tarde-noche), puede aprovechar precisamente esas franjas para generar ingresos sin interferir con los golfistas.
Visibilidad y marketing: los eventos de footgolf en un campo de golf generan publicidad positiva y atraen cobertura en medios locales y redes sociales, lo que mejora el perfil del club en su comunidad.
El footgolf en los campos: cómo conviven los dos deportes
La coexistencia física entre golfistas y footgolfistas requiere una planificación cuidadosa. Los principales aspectos a gestionar son:
Los greens: los greens del golf son superficies extremadamente delicadas que no pueden pisar ni afectar los footgolfistas. Los hoyos de footgolf se instalan siempre en zonas separadas de los greens de golf, generalmente en las calles o en las cercanías, con suficiente separación para evitar cualquier interferencia.
El calzado: los footgolfistas tienen prohibición estricta de acceder a los greens de golf con calzado inadecuado. Esta norma es fundamental para proteger la inversión que supone el mantenimiento de los greens.
Los horarios: la solución más común es la separación temporal: el footgolf se practica en horas de menor actividad golfística, dejando las franjas de mayor demanda para los socios del club.
La velocidad de juego: una ronda de footgolf de 18 hoyos puede completarse en menos tiempo que una ronda de golf, lo que reduce los potenciales cuellos de botella en los campos compartidos.
Por qué las federaciones de golf apoyan el footgolf
Lo que inicialmente podría parecer una amenaza para el golf convencional (un deporte “rival” que usa las mismas instalaciones) se ha revelado como una oportunidad para las federaciones de golf en muchos países.
La Real Federación Española de Golf y sus equivalentes internacionales han visto en el footgolf un puente hacia nuevas audiencias. Muchos footgolfistas, una vez que conocen las instalaciones y el ambiente de un campo de golf, sienten curiosidad por el golf convencional. El footgolf actúa como puerta de entrada: introduce a personas ajenas al golf en los valores, la etiqueta y el disfrute de jugar en un campo de golf, reduciendo la barrera psicológica que el golf convencional tiene para muchos potenciales nuevos practicantes.
Algunos clubs han formalizado esta relación de conversión: ofrecen a los footgolfistas que expresan interés en el golf convencional clases de iniciación a precios reducidos, creando un embudo de captación que convierte footgolfistas en golfistas.
El futuro de la relación: integración creciente
La tendencia apunta hacia una integración cada vez mayor entre el golf y el footgolf en el contexto de los clubs de golf. Los campos que han apostado por el footgolf lo han incorporado como parte de su identidad y no como un experimento temporal.
La creación de campos de footgolf diseñados específicamente, en lugar de simplemente adaptar el recorrido de golf, es el siguiente paso natural para los clubs que quieren tomarse el footgolf en serio como producto. Estos campos permiten optimizar la experiencia footgolf sin las restricciones que impone la convivencia con el golf convencional.