Si eres una estrella del fútbol brasileño y tienes un día libre en la playa, hay una probabilidad muy alta de que acabes jugando footvolley. Es una tradición tan arraigada en la cultura del fútbol brasileiro que resulta difícil encontrar a un futbolista profesional brasileño que no haya jugado alguna vez en la playa con una red de por medio y sin usar las manos.
Una tradición que se transmite de generación en generación
En Brasil, el footvolley y el fútbol no son deportes rivales; son complementarios y comparten el mismo universo cultural. Los niños brasileños que crecen cerca de la playa aprenden los dos de forma simultánea. En la playa se juega footvolley; en el campo se juega fútbol. Y muchos de los que llegarán a ser futbolistas profesionales tienen el footvolley como parte inseparable de su infancia deportiva.
Esta tradición se transmite de generación en generación dentro del fútbol brasileño. Los jugadores veteranos llevan a los más jóvenes a la playa, les presentan el deporte y les transmiten no solo las reglas sino también la cultura: el respeto por la habilidad técnica, la creatividad en el juego, el disfrute como valor central de la actividad física.
Ronaldinho: el embajador más mediático
Ronaldinho es el futbolista de élite más asociado públicamente con el footvolley. Sus apariciones en la playa jugando footvolley se convirtieron en material viral en los primeros años de YouTube, vistas por decenas de millones de personas en todo el mundo.
Lo que hacía especiales esos videos era que mostraban a Ronaldinho disfrutando de verdad: no estaba entrenando, no estaba posando para la cámara, estaba simplemente jugando con sus amigos en la playa de la misma forma en que lo habría hecho cualquier carioca sin nombre famoso. Esa autenticidad era lo que conectaba con el público global.
Su nivel de footvolley era el de un jugador competente, capaz de hacer remates espectaculares y controles imposibles. No era el mejor jugador de footvolley del mundo, evidentemente, pero mostraba con claridad por qué el footvolley es tan valioso como herramienta técnica: su habilidad con el balón en el aire, que asombraba incluso en la playa, era el resultado de años de formación que incluían mucho footvolley informal.
Romario: del fútbol a las canchas de playa
Romario, el legendario delantero considerado uno de los mejores futbolistas de la historia, fue también un aficionado conocido al footvolley durante y después de su carrera profesional. Con el mismo instinto goleador que le convirtió en una leyenda en los campos de fútbol, Romario trasladaba al footvolley esa capacidad para estar siempre en el lugar correcto en el momento adecuado.
Su participación en torneos de footvolley informales en las playas de Río era un evento en sí mismo: el público se congregaba no solo para ver el footvolley sino para ver a una leyenda del fútbol en un contexto diferente, más humano y cercano.
Roberto Carlos y el saque imposible
Roberto Carlos, el lateral izquierdo brasileño famoso por su potencia de disparo, encontró en el footvolley el contexto perfecto para demostrar que su pie izquierdo era una fuerza de la naturaleza incluso fuera del campo de fútbol. Sus saques de footvolley, ejecutados con la misma potencia que sus legendarios tiros libres, se convirtieron en material de leyenda en las playas donde jugaba.
La diferencia entre Roberto Carlos jugando fútbol y jugando footvolley era la misma que entre un concierto de rock en un estadio y el mismo músico tocando de forma íntima: la misma habilidad, un contexto diferente, y quizás una conexión más auténtica con lo que ama.
El footvolley como igualador social
Una curiosidad adicional sobre el footvolley entre las estrellas del fútbol es su función como igualador social. En la playa, con la red de por medio y sin manos, el nivel económico y la fama no importan: lo que cuenta es la habilidad con el balón. Un futbolista famoso que juega mal footvolley perderá ante un desconocido que lleva años entrenando en la playa.
Esta dinámica crea situaciones que los propios futbolistas de élite describen como liberadoras: estar en la playa, sin el peso de la fama y las expectativas, compitiendo en igualdad de condiciones con gente que simplemente quiere jugar bien. El footvolley devuelve a los futbolistas el placer puro de la actividad física sin el peso de la profesionalización.