En el footvolley de alto nivel, hay intercambios que parecen no tener fin. Los dos equipos defienden y atacan, defienden y atacan, con una consistencia que desafía el sentido común de lo que un cuerpo humano puede hacer corriendo en arena bajo el sol. Los intercambios más largos de la historia del footvolley son tanto hazañas atléticas como técnicas: una demostración de que la resistencia puede ser tan importante como el talento.
La dinámica de un intercambio largo
Un intercambio largo en footvolley empieza de la misma forma que cualquier otro: con un saque, un intento de remate y una defensa. La diferencia es que en los intercambios largos, la defensa del primer remate da lugar a un segundo ataque, que genera una segunda defensa, que produce un tercer ataque… y así sucesivamente.
La razón por la que los intercambios se alargan en el footvolley de élite es que los mejores defensores son capaces de devolver remates que en niveles inferiores habrían terminado el punto. Su capacidad de anticipar la dirección del remate, de moverse rápido en arena y de controlar el balón en situaciones de urgencia hace que cada punto sea una batalla que puede extenderse mucho más de lo que cualquier espectador casual esperaría.
El desgaste físico
Cada intercambio largo es una sesión de entrenamiento en sí mismo. En la arena, los movimientos de sprints cortos, cambios de dirección y saltos de remate consumen energía a una tasa muy superior a la de un deporte en superficie dura. Un intercambio de dos minutos en arena puede equivaler fisiológicamente a cinco o seis minutos de alta intensidad en césped.
Los mejores jugadores de footvolley de élite tienen capacidades aeróbicas y de resistencia que compiten con las de cualquier atleta de deportes de resistencia. No es raro ver a jugadores de footvolley con VO2max (consumo máximo de oxígeno) comparables a los de corredores de media distancia o nadadores de élite.
La táctica de la resistencia
Algunos de los mejores jugadores de footvolley han convertido la resistencia en una táctica deliberada. En lugar de intentar terminar los puntos con el primer remate, buscan intercambios largos sabiendo que su condición física superior acabará haciendo mella en el rival.
Esta táctica funciona mejor cuando el equipo adversario tiene jugadores con menor condición física o cuando las condiciones ambientales (calor extremo, viento, arena muy seca) penalizan especialmente el movimiento. Un equipo que sabe que puede aguantar más que el rival en condiciones difíciles puede jugar con esa ventaja de forma explícita.
El valor estético de los intercambios largos
Más allá de la dimensión atlética, los intercambios largos de footvolley tienen un valor estético especial. Son la forma más pura del deporte: dos equipos de dos personas, en la arena, sin más herramientas que sus pies, su cabeza y su cuerpo, intercambiando el balón en un diálogo técnico de alta intensidad que puede durar minutos.
El público que presencia un intercambio largo de alta calidad en el footvolley suele quedarse en silencio al principio, siguiendo con la mirada cada toque, y ir creciendo en entusiasmo a medida que el intercambio se alarga. Cuando finalmente el punto se decide, la explosión de reacción del público es proporcional a la tensión acumulada durante el intercambio.
Estos momentos de tensión colectiva son los que hacen del footvolley un espectáculo único y son los que los aficionados recuerdan durante años después de haberlos vivido.