Hay historias en el deporte que desafían la lógica geográfica. Suiza, un país completamente rodeado de tierra, sin costa marítima, sin playa natural, ganó el FIFA Beach Soccer World Cup de 2017. Y en el centro de esa historia improbable estaba Benjamin Zitouni, el jugador que convirtió al seleccionado alpino en campeón del mundo del deporte de playa por antonomasia.
El jugador que desafió la geografía
Cuando Zitouni comenzó su carrera en el fútbol playa suizo, nadie hubiera apostado por que Suiza llegaría algún día a ganar el título mundial. Brasil, España, Portugal, Rusia, Italia: todos esos países tenían larga tradición, mejores recursos naturales para practicar el deporte o simplemente más tiempo en el circuito internacional. Suiza llegó tarde al fútbol playa y sin ninguna de las ventajas geográficas obvias.
Pero Zitouni era un jugador de talento excepcional. Su habilidad técnica individual, su capacidad goleadora y su lectura del juego lo convirtieron rápidamente en uno de los mejores jugadores de la Euro Beach Soccer League, la competición que forjó su nivel internacional. Semana a semana, temporada a temporada, Zitouni fue creciendo y llevando a Suiza con él.
El sistema suizo: rigor al servicio del talento
Una parte fundamental de la historia de Zitouni es el sistema detrás de él. Suiza construyó alrededor de su talento natural un sistema de preparación y competición que multiplicó su impacto. Entrenadores especializados, acceso a instalaciones de arena (construidas artificialmente, ya que el país no tiene playa), participación constante en la EBSL y una selección nacional con una clara identidad de juego colectiva.
Zitouni fue el líder de ese sistema, pero también fue el primero en reconocer que sin el equipo, sus capacidades individuales no habrían bastado para llegar tan lejos. El fútbol playa es, especialmente con equipos de cinco jugadores, un deporte donde el colectivo pesa tanto o más que las estrellas individuales.
El Mundial de 2017: el título histórico
El FIFA Beach Soccer World Cup de 2017 se celebró en las Bahamas, y Suiza llegó como uno de los favoritos europeos pero no como el gran favorito del torneo. Brasil, como siempre, era el equipo al que todos miraban.
Zitouni y sus compañeros jugaron un torneo brillante, eliminando a rivales de calidad en cada ronda y mostrando un fútbol colectivo, disciplinado y técnicamente muy sólido. En la final, Suiza se impuso para ganar el título más importante de la historia del fútbol playa suizo.
Zitouni fue el jugador más destacado del torneo, el líder técnico y emocional de un equipo que hizo historia. Su actuación en las Bahamas lo consagró como uno de los grandes del fútbol playa mundial de su generación.
El legado: demostrar que se puede
El mayor legado de Benjamin Zitouni no son los goles, ni los títulos, ni los premios individuales: es haber demostrado que un país sin playa puede ganar el campeonato del mundo del deporte de playa. Ese precedente ha inspirado a federaciones de otros países mediterráneos o sin costa a invertir en el desarrollo del fútbol playa, sabiendo que la falta de playa natural no es una barrera insuperable cuando existe el talento, el sistema y la voluntad de triunfar.