Hay jugadores que se recuerdan por los títulos, otros por los récords y otros por la manera en que jugaban. Betinho pertenece a esta última categoría. El brasileño dejó en el mundo del fútbol playa una colección de momentos de habilidad técnica que se transmiten de generación en generación entre los aficionados del deporte, como se transmiten las obras de arte.
El artista de la arena
Betinho fue siempre un jugador más preocupado por la calidad de su juego que por los sistemas y las restricciones tácticas. En el fútbol playa, donde la creatividad individual tiene más espacio que en el fútbol convencional, ese temperamento artístico encontró el entorno perfecto.
Sus goles de chilena son probablemente lo que más ha trascendido de su carrera. Con una facilidad que hacía parecer los remates imposibles como algo natural, Betinho acumuló a lo largo de los años una colección de tantos acrobáticos que constituyen una de las mejores bibliotecas del arte goleador del fútbol playa. Cada vez que recibía un balón en el aire con espacio para el remate, la expectativa del público crecía: se sabía que podía ocurrir algo especial.
Crecido en la tradición brasileña
Betinho creció en Brasil en un entorno donde el fútbol playa no era una actividad organizada sino una parte cotidiana de la vida en la playa. Como muchos jugadores brasileños de su generación, desarrolló su habilidad técnica en partidas informales donde no había árbitro ni reglamento escrito, solo el balón, la arena y las ganas de hacer algo bonito.
Esa formación informal, libre de las restricciones de los sistemas de entrenamiento convencionales, dio a Betinho y a muchos de sus contemporáneos brasileños una creatividad y una espontaneidad técnica que era difícil de replicar mediante el entrenamiento estructurado. Era la ventaja de haber aprendido el fútbol playa antes de que existiera el fútbol playa como deporte organizado.
El embajador en la era de la expansión
La carrera de Betinho coincidió con los años de mayor expansión internacional del fútbol playa: la segunda mitad de los años 1990 y la primera década de los 2000, cuando Beach Soccer Worldwide y luego la FIFA llevaron el deporte a nuevas audiencias y nuevos países.
En ese contexto, Betinho fue uno de los jugadores que personificó el fútbol playa ante esas nuevas audiencias. Sus actuaciones en los grandes torneos, transmitidos por televisión en cada vez más países, mostraban al mundo lo que el deporte podía ser en manos de sus mejores practicantes: un espectáculo de habilidad, acrobacia y goles que no tenía equivalente en ninguna otra disciplina deportiva.
El legado de la belleza
El legado de Betinho en el fútbol playa no es primariamente estadístico. Es un legado de belleza: la demostración de que el deporte puede ser un arte, de que un gol puede ser tanto una victoria táctica como una expresión estética, de que el fútbol playa en sus momentos más altos no es solo competición sino también espectáculo en el sentido más elevado de la palabra.
Para los aficionados que lo vieron jugar, Betinho representa lo que el fútbol playa promete cuando está en su mejor versión: la alegría pura del juego, la arena bajo los pies y el balón siempre en el lugar más difícil desde donde marcar el gol más bonito.