Antes de que existieran las normas oficiales, antes del Mundial de la FIFA, antes incluso de que existiera el nombre “fútbol playa” como concepto diferenciado, existía Copacabana. Y en Copacabana, existía la pelota, la arena y las ganas de jugar.
La playa como campo de fútbol
Brasil es el país del fútbol, y en Brasil la playa no es solo un lugar de descanso: es un espacio de vida social y deportiva. Desde los años 1930 y 1940, las playas de Río de Janeiro —especialmente Copacabana y su interminable franja de arena— eran el escenario de partidos improvisados de fútbol donde las reglas se adaptaban al entorno de manera natural.
Sin portería convencional (se usaban zapatillas o ropa apilada como postes), sin líneas pintadas en la arena y sin reglamento formal, los cariocas jugaban al fútbol en la playa de la misma manera en que lo hacían en los barrios: con intensidad, creatividad y sin demasiado protocolo. La arena era un campo de entrenamiento natural, y los jugadores que crecieron en esas playas desarrollaron habilidades técnicas muy específicas, especialmente en el control del balón en el aire y en los remates acrobáticos.
Los pioneros de Copacabana
No existe un único inventor del fútbol playa, del mismo modo que no existe un único inventor del fútbol callejero. Pero sí hay nombres asociados al desarrollo temprano del juego en las playas de Río de Janeiro. Jugadores que se hicieron populares en las partidas de la playa, organizadores locales que comenzaron a poner algo de estructura en los torneos informales y figuras que conectaban el mundo del fútbol profesional con el de las playas.
En los años 1950 y 1960, los partidos en Copacabana comenzaron a tener una estructura mínima: equipos relativamente estables, algo parecido a un marcador, incluso algún tipo de competición local entre grupos de jugadores habituales. El juego no era el mismo que el fútbol convencional: la arena obligaba a un ritmo diferente, con más balón en el aire y más remates acrobáticos, y la ausencia de portería convencional hacía el juego más libre.
Del juego informal a las primeras competiciones
Durante las décadas de 1960 y 1970, el fútbol playa en las playas brasileñas ganó popularidad sin perder su carácter informal. No había federación, no había reglamento oficial y no había transmisión televisiva, pero los torneos en las playas atraían público y generaban una comunidad de jugadores y aficionados.
Algunos jugadores del fútbol profesional brasileño eran también asiduos a las partidas en la playa durante el verano. Esta conexión entre el fútbol de élite y el juego de playa ayudó a mantener un nivel técnico elevado y a difundir la práctica entre jóvenes que soñaban con emular a sus ídolos en el campo de arena.
La expansión del turismo en Río de Janeiro durante los años 1970 y 1980 también contribuyó a que el fútbol playa se hiciera visible más allá de los límites de Brasil: los visitantes de otros países veían los partidos en Copacabana, llevaban la idea a sus países y comenzaban a practicarlo, aunque de forma todavía completamente informal.
La base para la formalización
Cuando en los años 1990 llegó la primera tentativa de organización internacional del fútbol playa, las playas de Brasil llevaban ya más de medio siglo siendo el laboratorio de este deporte. Los fundadores de Beach Soccer Worldwide no inventaron el fútbol playa: lo encontraron ya formado en Copacabana y se encargaron de darle estructura, reglamento y proyección internacional.
Copacabana sigue siendo hoy el símbolo del fútbol playa en el mundo. Cuando la FIFA o los organizadores de grandes torneos quieren evocar la esencia del deporte, la imagen que eligen siempre tiene arena, sol y, muchas veces, el perfil inconfundible del malecón de Río de Janeiro al fondo.