El 1 de febrero de 1995, en la playa de Copacabana de Río de Janeiro, el fútbol playa dejó de ser un juego informal para convertirse en un deporte con su propio Campeonato del Mundo. La primera edición fue un evento fundacional que sentó las bases de la competición internacional más importante de la disciplina.
Copacabana como escenario inaugural
La elección de Copacabana para el primer Campeonato del Mundo no fue una decisión difícil. Era el lugar donde el fútbol playa había nacido y crecido durante décadas, el símbolo visual del deporte y el hogar de los mejores jugadores del mundo en ese momento. Celebrar allí el primer Mundial era la manera más natural y más simbólica posible de dar inicio a la historia competitiva internacional del fútbol playa.
Beach Soccer Worldwide instaló las porterías y la delimitación del campo directamente en la arena de Copacabana, con el océano Atlántico como telón de fondo y el perfil urbano de Río de Janeiro visible desde las gradas improvisadas. El resultado visual era exactamente lo que los organizadores querían: la imagen perfecta de un deporte joven, moderno y espectacular.
Los participantes del primer Mundial
El primer Campeonato del Mundo contó con la participación de selecciones de Brasil, Estados Unidos, Argentina, Uruguay, España, Francia, Italia y otros países que habían comenzado a desarrollar sus propias comunidades de fútbol playa gracias al trabajo de BSW durante los años anteriores.
El nivel técnico variaba mucho entre los participantes. Brasil era claramente el equipo con mayor tradición y mejores jugadores: muchos de sus integrantes llevaban años jugando en las playas de Río de Janeiro y tenían una habilidad técnica muy superior a la de las selecciones europeas o norteamericanas, que apenas llevaban un par de años practicando el deporte de manera organizada.
Brasil gana en casa
El torneo se celebró en formato de grupos más eliminatorias directas, y Brasil lo dominó de principio a fin. Los brasileños exhibieron el juego acrobático y espectacular que habían desarrollado durante décadas en Copacabana: chilenas, voleas, goles acrobáticos y un dominio técnico muy superior al del resto de participantes.
La final se jugó en Copacabana y Brasil la ganó ante sus compatriotas que llenaron las gradas improvisadas de la playa. Era el resultado esperado, pero también el resultado perfecto desde el punto de vista del espectáculo y de la narrativa del deporte: el inventor del juego ganaba la primera edición del campeonato en su propio terreno.
Un éxito que impulsó la expansión
El primer Campeonato del Mundo fue un éxito que superó las expectativas de Beach Soccer Worldwide. La cobertura mediática fue mayor de lo previsto, el público respondió con entusiasmo y el nivel del juego convenció a los escépticos de que el fútbol playa era un deporte serio y espectacular.
A partir de 1995, el campeonato se celebró anualmente (con algunas interrupciones) en distintas sedes, alternando entre Copacabana y otras playas de América y Europa. El formato fue evolucionando, el número de participantes creciendo y el nivel técnico de los equipos no brasileños mejorando progresivamente.
La edición de 1995 fue también el punto de partida de una cadena de victorias brasileñas que convirtieron a Brasil en la selección más exitosa de la historia del fútbol playa, con dominios que se extendieron durante años antes de que las selecciones europeas lograran competir de igual a igual.