Ronaldo Luís Nazário de Lima nació el 18 de septiembre de 1976 en Bento Ribeiro, Río de Janeiro. Creció en los barrios pobres de la ciudad más icónica de Brasil y llegó a convertirse en el delantero más temido del mundo durante casi una década: veloz, potente, técnico y con un instinto goleador que hacía que en el área, casi siempre, el gol era la consecuencia natural de su intervención.
Los inicios en Brasil y el debut en Europa
Ronaldo fue descubierto con catorce años por el Cruzeiro y a los dieciséis ya era titular indiscutible. Su rendimiento fue tan inmediato y tan espectacular que el PSV Eindhoven holandés lo fichó en 1994, y un año después el FC Barcelona. Con el Barcelona (1996-97) confirmó lo que muchos ya intuían: era el mejor delantero del mundo. Ganó la Copa del Rey y la Recopa de Europa y marcó 47 goles en 49 partidos. Fue elegido Mejor Jugador del Mundo de la FIFA con solo veinte años.
La siguiente parada fue el Inter de Milán, donde su rendimiento en los primeros dos años fue de los mejores de su carrera: velocidad de sprint irresistible, capacidad de regate en espacios reducidos y una finalización fría y eficaz. Con el Inter ganó la Copa de la UEFA de 1998 y fue el mejor jugador del mundo por segunda vez.
Las lesiones y el regreso en el Real Madrid
La carrera de Ronaldo estuvo marcada por graves lesiones en las rodillas, que lo apartaron del fútbol durante períodos largos en 1999, 2000 y 2002. Esas lesiones le privaron de años de fútbol en la cima de sus facultades físicas y hacen que su palmarés sea más notable si se tiene en cuenta cuánto tiempo estuvo inactivo.
Su fichaje por el Real Madrid en 2002 fue el más caro de la historia hasta ese momento. En el Madrid, donde jugó hasta 2007, ganó una Liga de Campeones en 2002 (antes de llegar) y una Liga española, y marcó 104 goles en 177 partidos. En el camino de las lesiones, sus capacidades físicas se fueron reduciendo, pero su inteligencia goleadora compensó lo que perdía en velocidad.
El Mundial de 2002: la cumbre de su carrera
El Mundial de Corea y Japón de 2002 fue el momento de gloria máximo de Ronaldo. Llegaba de años marcados por lesiones y dudas sobre su nivel, y respondió con la actuación individual más brillante de un delantero en un Mundial moderno: ocho goles en siete partidos, incluyendo dos en la final ante Alemania. Brasil ganó el título, Ronaldo fue el máximo goleador y el mejor jugador del torneo, y su imagen con el extraño corte de pelo que había diseñado para su hijo se convirtió en una de las más icónicas de la historia del fútbol.
Terminó su carrera como máximo goleador de la historia de los Mundiales con quince goles, récord que Miroslav Klose igualó en 2014.
Estilo de juego y legado
Ronaldo en sus mejores años era imposible de parar en el espacio abierto: su velocidad de arranque era la de un velocista olímpico, y su control del balón a alta velocidad era tan seguro que los defensores no podían colocarse entre él y el arco. Su definición era fría: cuando se encontraba solo ante el portero, el gol era casi siempre la consecuencia.
Su legado en el fútbol es el de haber redefinido lo que puede hacer un delantero centro: la combinación de velocidad, potencia, técnica y gol que Ronaldo encarnó en los años noventa y dos mil se convirtió en el modelo para una generación de atacantes que lo tomaron como referencia.