La selección española de fútbol es una de las más laureadas del mundo, con un palmarés que incluye un Mundial y cuatro Eurocopas. Sin embargo, su historia no siempre fue de dominio: durante décadas fue conocida como «la furia española», una selección con talento pero sin títulos, hasta que la generación de 2008 rompió definitivamente esa maldición.
Los orígenes: la plata olímpica de 1920
La selección española se constituyó formalmente en 1913 bajo el paraguas de la Real Federación Española de Fútbol. Su primera gran actuación internacional llegó en los Juegos Olímpicos de Amberes 1920, donde alcanzó la final y obtuvo la medalla de plata, siendo la única gran potencia en plantar cara a la selección que finalmente ganó el oro. Aquella actuación evidenció que el fútbol español contaba con futbolistas de nivel europeo.
La primera Eurocopa: 1964
Durante décadas, la selección fue irregular en los grandes torneos. La primera gran conquista llegó en la Eurocopa de 1964, celebrada en España. En la final, disputada el 21 de junio en el Bernabéu ante una URSS que había ganado la edición inaugural de 1960, España venció por 2-1 con goles de Pereda y Marcelino. La victoria fue recibida con enorme júbilo en el país y consolidó el estatus de la selección como potencia continental.
Los años de promesas: 1980-2000
A pesar del talento acumulado en las décadas siguientes —con jugadores como Butragueño, Míchel, Hierro, Goikoetxea o Zubizarreta—, la selección española sufrió durante años en las fases de eliminación directa de los grandes torneos. En el Mundial de México 1986 cayó en cuartos de final ante Bélgica en los penaltis; en Italia 1990 fue eliminada también en octavos; en el Euro 2000, la mejor generación previa a la era dorada fue eliminada por Francia en cuartos.
La presión del «cuándo» pesaba cada vez más sobre el fútbol español, que veía cómo sus clubes —especialmente el Real Madrid y el Barcelona— dominaban en Europa mientras la selección acumulaba decepciones.
La generación de oro: 2008-2012
La revolución comenzó con la llegada de Luis Aragonés al banquillo. El técnico madrileño apostó por una filosofía de juego basada en la posesión y la presión, encarnada perfectamente por Xavi Hernández, Andrés Iniesta y David Villa. El resultado fue la Eurocopa 2008 en Austria y Suiza: España goleó a Rusia en semifinales y venció a Alemania por 1-0 en la final con un gol de Fernando Torres.
Dos años después, bajo la dirección de Vicente del Bosque, España llegó al Mundial de Sudáfrica 2010 como una de las grandes favoritas. Tras superar la fase de grupos con ciertos apuros —perdió ante Suiza en su debut—, ganó sus eliminatorias ante Portugal, Paraguay y Alemania. En la final del 11 de julio en Johannesburgo, ante Holanda, el partido llegó al tiempo extra sin goles. En el minuto 116, Andrés Iniesta batió al portero neerlandés Stekelenburg para dar a España su primer título mundial. Era la primera vez que un país europeo ganaba un Mundial fuera de Europa.
El triplete y el legado
En 2012, España completó el triplete histórico al ganar la Eurocopa de Polonia y Ucrania, aplastando a Italia por 4-0 en la final de Kiev —la mayor goleada de una final de Eurocopa—. Aquella generación, con Casillas, Puyol, Ramos, Xavi, Iniesta, Villa y Silva como pilares, es considerada universalmente la mejor selección de la historia del fútbol.
Tras el declive posterior —eliminación en primera ronda del Mundial 2014—, la selección fue renovando con jugadores como Morata, Rodri, Pedri, Gavi, Lamine Yamal y Nico Williams, que culminaron con la conquista de la Eurocopa 2024 en Berlín, con Lamine Yamal como gran figura a solo 17 años. La historia de la selección española es, en definitiva, la historia de cómo un país aprendió a ganar.