Hay deportes populares y hay fenómenos sociológicos. El gateball en Japón fue ambas cosas a la vez. Cuando en la década de 1980 alcanzó su pico de popularidad, el número de practicantes superaba los 5 millones, y en algunos estimaciones llegaba a los 7 millones. Para poner esa cifra en contexto: en aquella época, el gateball tenía más practicantes regulares en Japón que el fútbol o el béisbol entre la población de edad avanzada.
Cómo se llegó a esos números
El camino hasta los 5 millones de practicantes no fue el resultado de una campaña organizada. Fue un proceso de adopción viral antes de que ese concepto existiera como tal.
Todo empezó en Hokkaido en los años 50, con grupos pequeños de adultos que encontraron en el gateball una actividad de ocio accesible y satisfactoria. A medida que la generación de posguerra fue alcanzando la jubilación en los años 70 y 80, y a medida que los municipios japoneses habilitaron parques y espacios comunitarios equipados con campos de gateball, el deporte fue creciendo exponencialmente.
Un factor decisivo fue la inversión municipal. Los ayuntamientos japoneses, sensibles a las necesidades de bienestar de una población que envejecía rápidamente, financiaron equipos de gateball para los clubs de jubilados, habilitaron campos en los parques públicos e incluyeron el gateball en los programas municipales de actividad física para mayores. Esta intervención pública multiplicó el acceso al deporte y aceleró su difusión.
Los números en perspectiva
5 millones de practicantes en un país de 120 millones de habitantes representa más del 4% de la población total. Si se tiene en cuenta que la mayoría de practicantes eran personas mayores de 60 años —que en aquella época representaban aproximadamente el 15-20% de la población japonesa— la tasa de penetración del gateball entre los mayores era extraordinaria: cerca del 20-25% de los japoneses mayores de 60 años practicaban el gateball en los años 80.
Para los clubs de jubilados, las residencias de mayores y las comunidades locales, el gateball no era una actividad más: era la actividad, la que estructuraba la semana y creaba comunidad.
La singularidad japonesa
Este fenómeno es específicamente japonés y está profundamente conectado con características culturales propias. La cultura japonesa valora enormemente la pertenencia al grupo, la actividad comunitaria estructurada y el cultivo de habilidades con paciencia y dedicación. El gateball encaja perfectamente en esos valores: es un deporte colectivo, requiere práctica sostenida para dominar sus aspectos tácticos, y se practica habitualmente en los mismos grupos de personas durante años.
Además, en Japón el cuidado de la salud física y mental en la vejez tiene un valor cultural muy alto. La longevidad japonesa —con una de las esperanzas de vida más largas del mundo— no es solo biológica: está respaldada por hábitos de vida activa que el gateball encarna perfectamente.
El descenso y el legado
El número de practicantes bajó considerablemente a partir de los años 90 y 2000, principalmente por el fallecimiento de la generación del boom. Los practicantes del pico de los años 80 eran en su mayoría personas de 60-70 años en aquella época; cuarenta años después, la mayoría ya no están. Y las generaciones más jóvenes han tendido a elegir otros deportes.
Pero el legado del fenómeno es indeleble. El gateball sigue siendo reconocible por todos los japoneses, está integrado en la cultura popular y sigue ofreciendo a millones de personas mayores una actividad de calidad que combina ejercicio, estimulación cognitiva y comunidad.