La historia del horseball argentino es inseparable del Pato, el deporte nacional del que deriva, y Martín Palacios es quizás la figura que mejor encarna esa herencia cultural. Un jinete de las pampas que llegó al horseball reglamentado con los instintos del gaucho y la habilidad ecuestre que solo da crecer entre caballos desde la infancia.
Crecer entre caballos y Pato
Martín Palacios nació en 1985 en una provincia argentina con fuerte tradición gaucha. A diferencia de la mayoría de los jinetes de horseball europeos, que llegaron al deporte desde la equitación deportiva formal, Palacios creció en un entorno donde el caballo era una herramienta de trabajo y el Pato era el juego del domingo en los campos de las estancias.
Esta educación informal, pero extraordinariamente completa, dio a Palacios una relación con el caballo que difícilmente puede enseñarse en una escuela de equitación: la de quien ha pasado miles de horas a lomos de un animal en condiciones reales, sin red, aprendiendo a comunicarse con el caballo de la forma más natural posible.
Del Pato al horseball reglamentado
La transición de Palacios del Pato al horseball reglamentado fue, según cuenta él mismo, sorprendentemente sencilla en los aspectos ecuestre y balón, y más compleja en lo que se refiere a las reglas y la estructura táctica. El Pato ya había preparado a Palacios para recoger el balón del suelo, para pasar bajo presión y para lanzar a la canasta con precisión. Lo que tuvo que aprender fue el reglamento formal, los sistemas de juego colectivo y la disciplina táctica que caracteriza el horseball europeo.
Esta síntesis —la naturalidad argentina con la estructura táctica europea— es la que hace del estilo de juego de Palacios algo genuinamente diferente de lo que los rivales europeos están acostumbrados a ver.
La naturalidad que no puede enseñarse
Los entrenadores que han trabajado con Palacios suelen mencionar la misma cualidad: su naturalidad. Hay acciones que en el horseball europeo se entrenan durante meses y se ejecutan con visible esfuerzo técnico. Palacios las realiza de forma instintiva, como si fueran parte de su expresión natural a caballo.
La recogida del suelo es el ejemplo más claro. Mientras que la mayoría de los jinetes necesitan calcular el ángulo, ajustar la velocidad del caballo y preparar el brazo con anterioridad, Palacios parece simplemente inclinarse y recoger, como si el balón le esperara exactamente donde lo necesita.
Esta naturalidad no es magia: es el resultado de décadas de práctica desde la infancia, en condiciones mucho más exigentes que las de cualquier escuela de equitación formal.
El embajador del horseball argentino
A lo largo de su carrera, Martín Palacios ha asumido un rol de embajador del horseball argentino en el mundo. Sus participaciones en competiciones internacionales han dado a conocer el estilo argentino en Europa y han generado un respeto creciente hacia el potencial del horseball sudamericano.
Su forma de hablar del Pato como origen y alma del horseball —no como un antecesor primitivo sino como una tradición viva que enriquece el deporte moderno— ha contribuido a que la comunidad internacional del horseball vea el Pato argentino con más respeto y curiosidad que en el pasado.
El futuro del horseball argentino
Palacios es también una figura activa en el desarrollo del horseball argentino. Trabaja con jóvenes jinetes que vienen del Pato y quieren dar el paso al horseball reglamentado, actuando como puente entre las dos tradiciones. Su experiencia única —el mejor jinete de Pato aprendiendo a ser el mejor jinete de horseball— es un modelo de camino que muchos jóvenes argentinos pueden recorrer.
Si el horseball argentino consigue capitalizar el potencial de su herencia del Pato con una estructura de competición internacional sólida, Martín Palacios será recordado como la figura que abrió ese camino.