Si alguien tuviera que diseñar el deporte más difícil que puede existir en los Juegos Olímpicos de Invierno, probablemente llegaría a algo parecido a la combinada nórdica: coger dos deportes que exigen aptitudes físicas completamente distintas —vuelos de hasta 130 metros desde un trampolín y carreras de resistencia de alta intensidad en la nieve— y combinarlos en una sola competición. Que este deporte exista y tenga atletas capaces de dominarlo a nivel olímpico dice mucho de la extraordinaria especificidad de la élite deportiva invernal.
Qué es la combinada nórdica
La combinada nórdica es exactamente lo que su nombre indica: una disciplina que une dos deportes de la familia nórdica del esquí. La primera parte es el salto de trampolín: los atletas saltan desde un trampolín (normal o grande según la modalidad) y son evaluados tanto por la distancia de vuelo como por el estilo. La segunda parte es el esquí de fondo: una carrera de 10 km (o 4x5 km en los relevos) en la que los competidores parten en orden escalonado según los resultados de los saltos.
El sistema de salida escalonada, denominado Gundersen, es el elemento más emocionante del formato: el ganador de los saltos parte primero, y los demás atletas parten después, con una diferencia de tiempo que corresponde exactamente a la distancia en puntos que les separa del líder. El resultado es una carrera de fondo en la que el primer deportista en cruzar la línea de llegada se convierte automáticamente en el campeón. La persecución visual sobre la nieve es de una emoción sin igual.
Dos deportes, dos cuerpos opuestos
La dificultad fundamental de la combinada nórdica reside en que los saltos de trampolín y el esquí de fondo exigen tipologías físicas casi contradictorias. Los saltadores ideales son ligeros, con una buena relación peso-potencia y una técnica de vuelo depurada. Los esquiadores de fondo de élite tienen una musculatura de resistencia muy desarrollada y una capacidad aeróbica excepcional. Encontrar atletas que sobresalgan en ambas disciplinas es extraordinariamente difícil, lo que explica por qué la combinada nórdica está dominada por un número tan reducido de naciones.
El dominio escandinavo y austriaco
Noruega y Austria han dominado la combinada nórdica olímpica de manera casi exclusiva a lo largo de toda su historia. El noruego Ulrich Wehling fue el primero en ganar tres oros olímpicos consecutivos en la misma disciplina de los Juegos de Invierno (1972, 1976 y 1980), un logro que solo ha conseguido un puñado de atletas en la historia olímpica.
Finland y Alemania también han aportado campeones puntuales, pero la combinada nórdica permanece como uno de los deportes donde la distancia entre las potencias y el resto del mundo es más pronunciada. Países como Estados Unidos o Japón han tenido atletas competitivos, pero los podios están casi siempre reservados para nórdicos y austriacos.
Los saltos: técnica y valentía
Los saltos de trampolín olímpicos se disputan desde el trampolín normal (plataforma de lanzamiento a unos 90 metros sobre el punto de aterrizaje) y el trampolín grande (a unos 120 metros). Los atletas alcanzan velocidades de hasta 90 km/h en el trampolín y vuelan distancias que superan regularmente los 100 y 130 metros respectivamente.
La puntuación combina la distancia (medida con precisión) y el estilo (valorado por cinco jueces que puntúan la posición en el aire, la telemark en el aterrizaje y otros elementos técnicos). La búsqueda de la aerodinámica perfecta ha llevado a los saltadores a evolucionar sus posiciones de vuelo de manera continua.
El futuro: la prueba femenina en 2026
La ausencia de pruebas femeninas en la combinada nórdica olímpica ha sido una controversia recurrente. Las argumentaciones sobre el número insuficiente de atletas competitivas han dado paso progresivamente a la realidad: la Copa del Mundo femenina, creada en 2020, ha demostrado que hay talento suficiente para organizar competiciones de alto nivel. Milano-Cortina 2026 podría ser la edición histórica en la que la combinada nórdica femenina debute en los Juegos, completando la igualdad de género que el resto de los deportes de esquí nórdico ya tienen.