En febrero de 2026, Italia acogerá por segunda vez en su historia los Juegos Olímpicos de Invierno. La primera vez fue en 1956, cuando la pequeña localidad alpina de Cortina d’Ampezzo organizó unos Juegos de posguerra en los que la URSS debutó como potencia olímpica invernal. Setenta años después, la fórmula es radicalmente diferente: una candidatura bicéfala que une la capital de la moda y las finanzas mundiales, Milán, con las Dolomitas de los Alpes italianos. Un experimento olímpico sin precedentes que combina metrópolis y naturaleza en un mismo proyecto.
La candidatura y la elección
La candidatura de Milano-Cortina fue presentada al COI en 2019 y elegida en la sesión de Lausana de ese mismo año, superando a la candidatura sueca de Stockholm-Åre. La propuesta italiana sedujo al COI por su combinación de instalaciones existentes (la Arena de Milán para el patinaje artístico y la velocidad, las pistas alpinas de Cortina ya utilizadas en 1956), la fortaleza económica de Lombardía y el Véneto, y la ambición de un legado olímpico que transformara permanentemente el deporte de invierno italiano.
La elección también tuvo un componente político relevante: Italia no había organizado unos Juegos de Invierno desde hace siete décadas, y la candidatura contó con un apoyo transversal del gobierno italiano y de los gobiernos autónomos de Lombardía, Trento y Bolzano.
Las sedes: de Milán a los Alpes
La geografía de Milano-Cortina 2026 es su elemento más singular. Milán albergará las competiciones de hielo cerrado (patinaje artístico, patinaje de velocidad, short track y hockey sobre hielo) en el PalaItalia Santa Giulia, un nuevo recinto construido específicamente para los Juegos que quedará como legado para la ciudad. El Palaghiaccio de Milán también se utilizará para algunas pruebas.
En los Alpes, las sedes se distribuyen por tres zonas: Cortina d’Ampezzo (esquí alpino, bobsled, luge, skeleton y curling), la zona de Val di Fiemme y Predazzo (esquí de fondo, biatlón, combinada nórdica y saltos de trampolín) y Livigno (snowboard y freestyle skiing). La dispersión geográfica es notable: las distancias entre las sedes alpinas son considerables, lo que ha generado debates sobre la logística y la movilidad de atletas, medios y público.
Los retrasos y las controversias
Ninguna edición moderna de los Juegos Olímpicos llega a la fecha de apertura sin controversias e imprevistos, y Milano-Cortina 2026 no ha sido una excepción. El proyecto más polémico fue el de la pista de bobsled de Cortina: la pista original de 1956 había sido desmantelada, y durante meses se debatió si construir una nueva o desplazar las competiciones de bobsled, luge y skeleton a instalaciones extranjeras. La decisión de construir una nueva pista se tomó tarde y ha sido la fuente principal de preocupación del COI sobre los plazos de entrega.
Las disputas políticas entre el gobierno central italiano y los ejecutivos autónomos de las regiones alpinas han complicado la coordinación en varios momentos. El COI, en sus informes de seguimiento, ha instado repetidamente a Italia a acelerar las obras y a simplificar la gobernanza del proyecto.
Los atletas italianos candidatos al podio
Italia llega a sus Juegos en casa con un equipo invernal en buenas condiciones, aunque lejos de las potencias nórdicas y alpinas históricas. En esquí alpino, las grandes esperanzas son Federica Brignone y Sofia Goggia, dos de las esquiadoras alpinas más completas del mundo en los últimos años, ganadoras de medallas en ediciones anteriores. El esquí alpino masculino italiano también tiene representantes de nivel.
En patinaje de velocidad, Italia tiene tradición sólida. En bobsled, el hecho de competir en casa podría ser un factor de motivación importante para el equipo italiano.
El legado esperado
Más allá de los resultados deportivos, Milano-Cortina 2026 busca generar un legado duradero en varios frentes: la infraestructura deportiva de los recitos de hielo en Milán, la revitalización turística y económica de las zonas alpinas implicadas y una mayor visibilidad del deporte de invierno en Italia, que a pesar de sus resultados en esquí alpino no tiene la cultura invernal profunda de los países nórdicos o del arco alpino austriaco y suizo.