Hay deportes que generan estadísticas y hay deportes que generan emociones que van más allá del deporte. El patinaje artístico pertenece a esta segunda categoría: es técnica, fuerza, coordinación y un elemento de espectáculo y arte que no existe en ninguna otra disciplina olímpica. Su historia en los Juegos es tan rica en figuras legendarias como en polémicas monumentales.
Sonja Henie y los orígenes (1924-1948)
El patinaje artístico fue uno de los deportes fundadores de los Juegos de Invierno en Chamonix 1924, aunque ya había aparecido en los de Verano de 1908 y 1920. Desde el primer momento tuvo una figura descomunal: Sonja Henie, la noruega que compitió por primera vez con solo 11 años en Chamonix (acabando última) y que después construyó la carrera más dominante de la historia del deporte.
Henie ganó tres oros olímpicos consecutivos (St. Moritz 1928, Lake Placid 1932, Garmisch 1936) y diez campeonatos del mundo seguidos. Su estilo combinaba la técnica con la teatralidad y el glamour, y ella fue la primera atleta en convertir esa imagen en una carrera cinematográfica y artística. Cuando se retiró del patinaje amateur, se convirtió en una estrella de Hollywood y de los espectáculos sobre hielo, sentando las bases de lo que sería la industria del patinaje artístico profesional.
La era dorada de la Guerra Fría (1952-1988)
Durante décadas, el patinaje artístico fue un escenario más de la rivalidad entre Este y Oeste. Los atletas soviéticos dominaron las parejas de manera aplastante: Irina Rodnina ganó tres oros con dos compañeros distintos (1972, 1976 y 1980), una hazaña sin equivalente en la historia de su disciplina.
En individual, la figura más icónica de los años 80 fue la alemana oriental Katarina Witt, que ganó los oros de Sarajevo 1984 y Calgary 1988 con una combinación de técnica depurada y carisma escénico que la convirtió en el mayor fenómeno mediático de los Juegos de Invierno de su generación. Witt fue la encarnación del atletismo al servicio del estado socialista y, al mismo tiempo, una celebridad internacional de primera magnitud.
El escándalo de Salt Lake City 2002
La historia del patinaje artístico tiene una herida abierta en los Juegos de Salt Lake City 2002. En el programa de parejas, la pareja canadiense Sale-Pelletier ofreció lo que la mayoría de los espectadores y expertos consideraron la mejor actuación de la noche, pero la pareja rusa Berezhnaya-Sikharulidze ganó el oro. La jueza francesa Marie-Reine Le Gougne confesó posteriormente haber acordado su voto con el jefe de la delegación rusa a cambio de apoyo para los franceses en la danza sobre hielo.
El escándalo obligó al COI a entregar un segundo juego de medallas de oro a los canadienses (una solución sin precedentes) y aceleró la reforma del sistema de puntuación. En 2004 entró en vigor el Sistema IJS (International Judging System), que sustituyó las notas del 0 al 6 por una puntuación basada en elementos técnicos tasados y ocultó la identidad de los jueces para evitar presiones externas.
Michelle Kwan, Yuna Kim y la era moderna
Michelle Kwan es la patinadora norteamericana más célebre de su generación: ganó nueve campeonatos nacionales y cinco mundiales, pero el oro olímpico siempre se le resistió. Plata en Nagano 1998 y bronce en Salt Lake 2002. Su rivalidad con Tara Lipinski (que ganó el oro en Nagano con solo 15 años) y con Sarah Hughes sigue siendo material de estudio en la historia del patinaje.
Yuna Kim fue la figura más dominante del siglo XXI: oro en Vancouver 2010 con un récord de puntuación histórico, y una plata polémica en Sochi 2014 que todavía genera debate. La surcoreana elevó la popularidad del patinaje en Asia de manera exponencial.
En la era post-Sochi, las patinadoras rusas han dominado el panorama individual femenino, con figuras como Alina Zagitova (oro en PyeongChang 2018) y Anna Shcherbakova (oro en Beijing 2022), aunque el escándalo de doping de Valieva ha ensombrecido esa dominancia.