Tras doce años de silencio forzado por la peor catástrofe humana del siglo XX, el olimpismo invernal resurgió de las cenizas en Saint-Moritz, el mismo escenario alpino que había acogido los Juegos de 1928. Los V Juegos Olímpicos de Invierno fueron mucho más que una simple competición deportiva: fueron un acto de afirmación de la vida y del espíritu olímpico frente a la devastación que había dejado la Segunda Guerra Mundial.
Sede y contexto histórico
Suiza, nación neutral durante el conflicto mundial, era el lugar ideal para acoger unos Juegos que debían simbolizar la reconciliación y la vuelta a la normalidad. Saint-Moritz, que ya había demostrado su capacidad organizadora en 1928, asumió de nuevo el reto con rapidez y eficiencia. El tiempo de preparación fue muy corto —la guerra había terminado apenas tres años antes—, pero las instalaciones ya existentes permitieron organizar los Juegos sin necesidad de grandes obras nuevas.
El mundo de 1948 era un lugar muy diferente al de 1936. Europa yacía en gran parte en ruinas, millones de personas eran desplazadas o refugiadas, y la reconstrucción apenas comenzaba. Los Juegos de Saint-Moritz, tanto los de Invierno como los de Verano celebrados ese mismo año en Londres, fueron concebidos como un símbolo de esperanza y de regreso a los valores de la paz. La participación de 28 naciones y 669 atletas —un nuevo récord— fue en sí misma una declaración de que el mundo quería seguir adelante.
Alemania y Japón, las naciones del Eje derrotadas, fueron excluidas de la participación. La Unión Soviética tampoco estuvo presente, aunque por razones diferentes: el gigante soviético aún no formaba parte del movimiento olímpico internacional y no lo haría hasta 1952. La ausencia de estas potencias deportivas influyó notablemente en el equilibrio del medallero.
Las estrellas de estos Juegos
El gran protagonista de Saint-Moritz 1948 fue el esquiador francés Henri Oreiller, un atleta de estilo agresivo y valentía poco común que dominó de forma absoluta el esquí alpino masculino. Oreiller ganó el oro en descenso y en la combinada alpina, además del bronce en slalom, acumulando tres medallas en una sola edición. Su actuación convirtió a Francia en una de las grandes potencias del esquí alpino, una posición que el país mantendría durante décadas.
La anfitriona Suiza también brilló, especialmente en el bobsled. Los equipos suizos ganaron el oro tanto en el bobsled a dos como en el de cuatro tripulantes, una hazaña doblemente satisfactoria por producirse ante el público de casa. Felix Endrich y Friedrich Waller fueron los pilotos del bobsled a dos que se subieron al podio más alto.
En el patinaje artístico, con Sonja Henie retirada, emergieron nuevas figuras. La estadounidense Barbara Ann Scott ganó el oro femenino con una actuación que la catapultó a la fama en América del Norte. En el masculino, el suizo Richard Button comenzaría a destacar, aunque su momento de gloria llegaría cuatro años después en Oslo.
Resultados y medallero
Noruega encabezó el medallero general, como en casi todas las ediciones anteriores, gracias a su dominio en los deportes nórdicos. Suecia y Suiza completaron el podio por naciones. Francia, por su parte, hizo una actuación notable gracias a Oreiller, que situó al país en el mapa del esquí alpino internacional.
El hockey sobre hielo vivió una de sus polémicas más célebres: Canadá y los Estados Unidos protagonizaron un litigio por los derechos de representación que durante semanas puso en duda quién podría competir. Finalmente se resolvió a favor de Canadá, que ganó el oro, aunque la historia del torneo quedó marcada por aquella controversia burocrática.
El legado
Los V Juegos de Invierno de Saint-Moritz 1948 tienen un valor simbólico que va más allá de los resultados deportivos. Representaron la capacidad del olimpismo para sobrevivir a la peor de las guerras y para renacer con renovadas energías. La participación masiva —a pesar de las penurias económicas de la posguerra— fue una señal inequívoca de que los Juegos de Invierno habían conseguido arraigar como institución en el calendario deportivo mundial.
España no participó en estos Juegos, inmersa en el aislamiento internacional de la dictadura franquista, que en 1948 estaba en pleno ostracismo diplomático tras la resolución de la ONU de diciembre de 1946 que condenaba el régimen.