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Kitesurf

La fusión del surf y el parapente: deslizarse sobre el agua impulsado por una cometa gigante de entre 7 y 17 metros.

También conocido como: Kiteboarding, Kite Surfing

El kitesurf (también llamado kiteboarding) combina elementos del surf, el wakeboard, el parapente y el windsurf. El rider utiliza una cometa de entre 7 y 17 metros cuadrados para propulsarse sobre el agua con una tabla. Las modalidades van desde el freeride hasta el freestyle con trucos aéreos, pasando por las carreras de velocidad donde se superan los 50 nudos.

Los precursores del kitesurf aparecieron en los años ochenta, cuando los hermanos franceses Bruno y Dominique Legaignoux desarrollaron y patentaron en 1984 una cometa inflable de arquitectura tubular que sentaría las bases del deporte moderno. En paralelo, el surfista hawaiano Cory Rosberg y el pionero Laird Hamilton experimentaban con cometas de tracción sobre el agua a mediados de los noventa. La fecha fundacional del kitesurf moderno se sitúa en 1998, cuando Raphaël Salles y Laurent Ness realizaron la primera competición formal en Hawaí con equipos similares a los actuales. En 1999 se celebró en Maui el primer campeonato mundial reconocido. La Asociación Internacional de Kitesurf (IKA) se estableció en 1998 para regular y promover el deporte a nivel mundial, que creció de forma exponencial durante la primera década del siglo XXI.

La competición de kitesurf se articula en varias disciplinas con calendarios propios. La Formula Kite —la modalidad olímpica— consiste en carreras con tablas de foil (hydrofoil) que elevan al rider sobre el agua, logrando velocidades superiores a 40 nudos. Tras debutar en los Juegos Olímpicos de París 2024 como deporte olímpico oficial, el kitesurf alcanzó la máxima visibilidad internacional. En la primera edición olímpica, Tom Slingsby (Australia) y Lauriane Nolot (Francia) fueron los favoritos en las categorías masculina y femenina. En el circuito Big Air, el francés Lasse Walker y la australiana Mikaili Sol han dominado con trucos de hasta 30 metros de altura. España, Francia, Brasil y Australia son potencias consolidadas tanto en racing como en freestyle.

Técnicamente, el kitesurf exige dominar la ventana de viento: el espacio semicircular frente al rider donde la cometa genera mayor o menor tracción según su posición. Las cometas modernas de tipo «bow» o «delta» permiten desinflar casi totalmente la tracción mediante un sistema de depower, lo que aporta seguridad. La tabla —ya sea twin-tip, directional o foil— se elige según la modalidad y las condiciones de viento. La barra de control transmite los movimientos a las líneas (generalmente cuatro de 20-25 metros), permitiendo dirigir la cometa con precisión milimétrica. En el foil racing, la gestión de la altura del foil, la velocidad de la cometa y los cambios de amura en las boyas son los factores tácticos determinantes para ganar una regata.

Se estima que en 2024 existen alrededor de 1,5 millones de practicantes de kitesurf en todo el mundo, con una comunidad especialmente activa en Brasil, España, Francia, los Países Bajos y Australia. La marca registrada Cabrinha, North Kiteboarding y F-ONE son las principales marcas del sector, que genera un mercado global de equipamiento valorado en varios cientos de millones de euros. El kitesurf tiene una huella cultural intensa en las playas de Tarifa (España), Dakhla (Marruecos), Cabarete (República Dominicana) y las islas Canarias. El carácter extremo y visual del deporte lo ha convertido en un contenido muy popular en redes sociales, con millones de visualizaciones de trucos de Big Air y travesías oceánicas. La inclusión olímpica en París 2024 ha impulsado la formación de escuelas y federaciones en nuevos países.