La historia del kitesurf tiene muchos padres, y Nicolas Parlier es uno de los más importantes aunque también uno de los menos conocidos fuera de la comunidad especializada. En el mundo del deporte de acción, los pioneros técnicos —los que construyen los cimientos sobre los que otros acaban siendo famosos— a menudo quedan en segundo plano respecto a los campeones y los showmen. Parlier es el ejemplo perfecto de este fenómeno: una figura decisiva cuya influencia en el kitesurf moderno es innegable aunque su nombre no aparezca en los libros de récords.
En la segunda mitad de los años 90, cuando el kitesurf era todavía un deporte experimental que muy poca gente practicaba, Parlier fue uno de los riders y desarrolladores que invirtió tiempo y energía en resolver los problemas técnicos que impedían al deporte expandirse. El kitesurf de aquella época era difícil, imprevisible y en ocasiones peligroso: las cometas no tenían sistemas de seguridad fiables, las barras de control eran rudimentarias y el proceso de relanzamiento de la cometa desde el agua era complicado y laborioso. Parlier y los demás pioneros de aquella generación trabajaron para cambiar todo esto, colaborando con los fabricantes de equipo y desarrollando técnicas de aprendizaje que hacían el deporte más accesible.
Sus demostraciones en playas francesas y en encuentros internacionales de deportes de viento fueron el primer contacto que muchos riders de windsurf y surf tuvieron con el kitesurf. La capacidad de la cometa para generar potencia de tracción, combinada con las primeras tablas específicas de kitesurf, dejó a los espectadores con la boca abierta: era evidente que algo nuevo e importante estaba emergiendo. Parlier fue uno de los embajadores de esa novedad, un rider que creía en el potencial del kitesurf cuando muy pocos lo hacían y que dedicó años a demostrar que ese potencial era real. Su legado es el kitesurf moderno que hoy practican millones de personas en todo el mundo.