Hay deportes donde la hegemonía de un país es notable. Y luego está el korfbal, donde durante décadas hubo un solo dominador tan claro que el suspense de los campeonatos del mundo era saber quién sería subcampeón.
El dominio holandés en números y contexto
Desde la primera edición del Campeonato del Mundo en 1978, los Países Bajos han ganado el torneo en casi todas sus ediciones. El margen de dominio no es el de un equipo superior: es el de un país con décadas de ventaja histórica, social y organizativa sobre todos sus rivales.
Para entender la magnitud del dominio, basta comparar: los Países Bajos en korfbal son algo similar a lo que fue Brasil en fútbol durante los años 50-70 del siglo XX —un país donde el deporte es parte de la cultura popular, donde se juega desde niño, donde los clubs son instituciones con décadas de historia— pero con una diferencia: el equivalente de Brasil en korfbal no ha tenido, hasta muy recientemente, un rival real que pudiera desafiar su supremacía.
Por qué es tan difícil ganarles
El dominio holandés no es fruto del azar ni de circunstancias puntuales. Tiene raíces profundas:
La base de jugadores: los Países Bajos tienen más jugadores de korfbal que el resto del mundo junto. Cientos de clubs, miles de jugadores activos en todas las edades. Esa base genera una selección nacional con profundidad de talento imposible de replicar.
La liga como laboratorio: la Hoofdklasse es el mejor campeonato doméstico del mundo. Los jugadores de la selección holandesa se enfrentan semanalmente a partidos de altísimo nivel, lo que los mantiene en una forma competitiva que sus rivales internacionales no pueden igualar.
La tradición táctica: más de un siglo de korfbal generan una cultura táctica acumulada que ningún otro país tiene. Los entrenadores holandeses son los más experimentados, los conceptos de juego más desarrollados nacen en los clubs holandeses.
El momento en que la hegemonía se rompió
El 2019 será recordado en la historia del korfbal como el año en que lo imposible ocurrió. En el Campeonato del Mundo Indoor celebrado en Sudáfrica, Taiwán derrotó a los Países Bajos en la final y se proclamó campeón del mundo por primera vez.
Fue un terremoto en el mundo del korfbal. No porque nadie supiera que Taiwán era un rival serio —llevaba años mejorando— sino porque que los Países Bajos perdiesen una final de un campeonato del mundo de korfbal era algo que no había pasado nunca antes con consistencia.
Lo que el dominio holandés significa para el korfbal
El dominio de los Países Bajos tiene una lectura positiva y una negativa para el korfbal. La positiva: demuestra que hay un estándar de excelencia que el deporte puede alcanzar, y que el modelo holandés funciona. La negativa: un campeonato con un resultado casi predecible durante décadas no es el mejor argumento para la inclusión olímpica ni para la expansión del deporte.
La victoria de Taiwán en 2019 fue, en ese sentido, exactamente lo que el korfbal necesitaba: demostrar que el mundo puede ganar a los Países Bajos, que la competición es real y que el futuro del deporte pasa por tener más de un protagonista en los momentos cruciales.