Cuando Nico Broekhuysen inventó el korfbal en 1902 en el patio de una escuela de Ámsterdam, difícilmente podía imaginar que su creación llegaría a ser conocida en más de cincuenta países de todos los continentes. Sin respaldo olímpico, sin grandes contratos televisivos y sin estrellas de fama mundial, el korfbal ha conseguido expandirse al mundo entero a través de una combinación de trabajo institucional, entusiasmo de sus practicantes y la fuerza de su propuesta singular: el único deporte de equipo mixto del mundo.
De dos países a cinco continentes
El camino del korfbal desde su cuna holandesa hasta los cinco continentes fue largo y gradual. Durante las primeras décadas del siglo XX, el deporte era esencialmente holandés y belga. Las apariciones olímpicas de demostración en 1920 y 1928 dieron cierta visibilidad internacional, pero sin traducirse en expansión real.
La fundación de la IKF en 1933 fue el primer paso hacia una estructura internacional, pero el desarrollo fue lento hasta los años setenta y ochenta, cuando la organización de los primeros campeonatos del mundo y la promoción activa del deporte en Asia aceleraron la expansión.
La clave de la expansión asiática
El mayor salto cualitativo en la expansión del korfbal fue la implantación del deporte en Asia. Taiwán, Hong Kong, India y otros países asiáticos adoptaron el korfbal durante los años ochenta y noventa, y la selección taiwanesa se convirtió en potencia mundial.
Esta expansión asiática fue el modelo que demostró que el korfbal podía crecer en contextos culturales completamente diferentes al europeo. Si Taiwán podía ser campeón del mundo, cualquier país podía desarrollar el korfbal de forma competitiva.
África y América: la frontera siguiente
Más recientemente, el korfbal ha ganado presencia en países africanos y americanos. El Campeonato del Mundo Indoor de 2019 se celebró en Sudáfrica, lo que reflejó y promovió simultáneamente el crecimiento del deporte en el continente africano.
En América Latina, el korfbal tiene presencia en varios países, aunque todavía limitada. La naturaleza mixta del deporte tiene potencial de resonar en culturas donde los deportes mixtos tienen aceptación social creciente.
El reto de la calidad sobre la cantidad
La expansión a más de cincuenta países es un logro notable, pero la IKF es consciente de que la presencia en muchos países no es suficiente: lo que importa es el nivel de desarrollo real en cada uno. Tener una federación nacional en cincuenta países es muy diferente a tener ligas activas, clubes establecidos y jugadores comprometidos en esos cincuenta países.
El objetivo de la IKF es pasar de la presencia nominal a la implantación real. Y en ese objetivo, el ejemplo de Taiwán sigue siendo la mejor hoja de ruta disponible: un país que pasó de no conocer el deporte a ganar el campeonato del mundo en menos de cuatro décadas, gracias a una apuesta institucional sistemática y sostenida.
El récord en contexto
Más de cincuenta países practicando un deporte inventado hace 120 años, sin presencia olímpica y sin financiación comparable a los grandes deportes mundiales, es un récord de expansión notable. El korfbal lo ha conseguido únicamente gracias a que su propuesta —la competición mixta— es única y genuinamente valiosa.
Ese es el motor real de su expansión: no el marketing, no los contratos televisivos, no las estrellas mediáticas. La idea de que hombres y mujeres pueden competir juntos, y que hacerlo bien requiere un deporte diseñado desde cero para ello. Esa idea tiene una fuerza que no envejece.