Valerie Adams es la deportista olímpica más laureada de Nueva Zelanda y la lanzadora de peso femenina más dominante de la historia del atletismo en la era del control antidopaje moderno. Sus cuatro títulos mundiales consecutivos y sus dos oros olímpicos la sitúan por encima de cualquier otra competidora en la disciplina, y su carrera ha estado marcada por momentos de injusticia deportiva que supo superar con una dignidad ejemplar.
Una neozelandesa en el mundo de los lanzamientos
Valerie Vili Adams nació el 6 de octubre de 1984 en Rotorua, Nueva Zelanda. De origen tongano (sus abuelos eran inmigrantes del archipiélago de Tonga), Valerie creció en Auckland y se desarrolló como atleta en el ambiente neozelandés, que tiene una sólida tradición en rugby y cricket pero no especialmente en atletismo de campo.
Su constitución física —1,93 metros de altura y un peso competitivo de alrededor de 110 kg— era la de una lanzadora excepcional. Comenzó a destacar internacionalmente en la primera mitad de la década de 2000, cuando era habitual que las lanzadoras de peso de élite procedieran de países del Este o de Rusia.
Los cuatro títulos mundiales: una hegemonía absoluta
Entre 2005 y 2011, Valerie Adams ganó cuatro títulos mundiales consecutivos en lanzamiento de peso femenino:
- Helsinki 2005: primer título mundial, a los 20 años.
- Osaka 2007: confirmación de su dominio.
- Berlín 2009: tercer título, siendo ya la lanzadora más consistente del mundo.
- Daegu 2011: cuarto título consecutivo, récord de la prueba.
Esta secuencia de cuatro títulos mundiales seguidos no tiene equivalente en los lanzamientos femeninos modernos. Adams dominó la disciplina con una consistencia que ninguna rival pudo igualar.
Pekín 2008: el primer oro olímpico
En los Juegos de Pekín 2008, Adams ganó su primer oro olímpico con un lanzamiento de 20,56 metros, superando a las favoritas rusas y estableciéndose como la número uno indiscutible del planeta.
Londres 2012: la historia más injusta del deporte
Los Juegos Olímpicos de Londres 2012 vivieron uno de los episodios más dramáticos en la historia reciente de los lanzamientos. En la final femenina de peso, la bielorrusa Nadezhda Ostapchuk lanzó a 21,36 metros y ganó el oro. Adams fue plata con 20,70 m.
La historia no terminó ahí. Pocas semanas después de la competición, los controles antidopaje revelaron que Ostapchuk había dado positivo por metenolona, un esteroide anabolizante. El Comité Olímpico Internacional anuló su resultado y Adams fue proclamada retroactivamente campeona olímpica.
La forma en que Adams gestionó esta situación fue ejemplar: en lugar de celebrar un oro que llegó por el fallo de otro, insistió en que habría preferido ganarlo en el podio, en el momento de la competición. Su clase y ecuanimidad ante una injusticia deportiva le granjearon el respeto del mundo del atletismo.
La longevidad de una campeona
La carrera de Adams no terminó con el segundo oro olímpico. Siguió compitiendo a alto nivel:
- Río 2016: plata con 19,35 m (el oro fue para la china Gong Lijiao).
- Tokio 2020: bronce a los 36 años, demostrando una longevidad extraordinaria en una prueba donde la potencia muscular tiende a declinar antes que en otras disciplinas.
Adams competió también a lo largo de los 2010 en múltiples circuitos internacionales, ganando medallas en Campeonatos del Commonwealth y otras competiciones.
Deportista icónica de Nueva Zelanda
En Nueva Zelanda, un país con una cultura deportiva dominada por el rugby (los All Blacks son probablemente el equipo deportivo más famoso de la historia del país), Valerie Adams rompió barreras como mujer, como atleta de origen polinesio y como campeona olímpica en un deporte minoritario.
Fue nombrada en múltiples ocasiones deportista del año en Nueva Zelanda. Su nombre es mencionado en el mismo párrafo que las leyendas nacionales del deporte, independientemente del disciplina. Su carrera demostró que los lanzamientos olímpicos no son patrimonio exclusivo de los países del Este y que el talento individual, con el entrenamiento adecuado, puede competir con cualquier tradición histórica.