El longboard es un deporte de extremos: en un extremo, la elegancia casi estática del dance; en el otro, la brutalidad física de descender a 146 kilómetros por hora sobre asfalto. Sus récords reflejan esa dualidad: hay récords de velocidad pura que rozan lo increíble y hay récords de consistencia competitiva que cuentan la historia de careers construidas durante décadas.
El récord Guinness: 146,73 km/h de Kyle Wester
El 29 de septiembre de 2017, en una carretera cerrada al tráfico en Colorado, el rider estadounidense Kyle Wester se tumbó sobre su longboard y se lanzó cuesta abajo. Al cruzar la línea de medición de velocidad, el cronómetro homologado por Guinness World Records marcó 146,73 km/h.
Ese número es el récord mundial oficial de velocidad en longboard, y sigue en vigor. Para entender lo que significa: 146 km/h es la velocidad a la que van los trenes de cercanías en muchos países, la velocidad máxima de muchos coches en autopista, y más del doble de la velocidad límite en carretera convencional.
Cómo se consigue ese récord
Wester no se presentó en Colorado con su tabla habitual de entrenamiento. El intento fue el resultado de meses de preparación meticulosa:
El trazado: La elección de la carretera fue exhaustiva. Se necesita una pendiente suficientemente pronunciada para alcanzar la velocidad máxima (más del 15% de inclinación media), un tramo recto lo suficientemente largo para que la velocidad se estabilice en su punto máximo antes de la zona de medición, y una longitud total que permita la aceleración progresiva sin frenada. La carretera debe cerrarse completamente al tráfico, con controles en todos los accesos y servicios de emergencia en el punto.
La posición: Wester adoptó la “luge position” —completamente tumbado boca arriba sobre la tabla, con los pies apuntando hacia el frente— para reducir al máximo su perfil aerodinámico. En esta posición, el cuerpo del rider prácticamente desaparece detrás de la tabla en términos de resistencia al aire, lo que permite velocidades mucho mayores que las que se consiguen en la posición estándar de pie.
El equipo: Casco integral de fibra de carbono, traje de cuero similar al del motociclismo, guantes de slide reforzados y protecciones en todos los puntos de impacto críticos. El longboard usado estaba ajustado específicamente para ese intento: trucks con el ángulo más bajo posible para maximizar la estabilidad, ruedas de dureza media-alta y la tabla más rígida disponible.
La homologación: El intento contó con un sistema de cronometraje electrónico homologado, observadores de Guinness World Records, y los medios para documentar el récord con las garantías necesarias para su certificación oficial.
Los récords no oficiales
En la comunidad del longboard, circulan relatos de descensos donde se han alcanzado velocidades superiores a las de Wester, pero sin la homologación oficial de Guinness. El récord “social” —el que se acepta en la comunidad como válido aunque no esté certificado oficialmente— ha rondado los 130-150 km/h en distintos momentos de la historia del downhill. La diferencia entre el récord oficial y los velocidades no oficiales es la rigidez del proceso de homologación: cronometría electrónica, control total del entorno y observadores independientes.
Los récords de competición: el downhill más rápido
En el contexto de la competición del IGS World Tour, los tiempos del time trial en las etapas más rápidas son los récords de pista que más valoran los insiders del deporte. No son récords absolutos de velocidad —en un time trial de competición los riders van normalmente en posición estándar, no en luge, lo que limita la velocidad máxima— pero representan el mejor rendimiento posible en condiciones de carrera real.
Las etapas más rápidas del IGS World Tour —en Killington (Vermont), en los descensos de Brasil o en algunas carreteras alpinas europeas— han registrado velocidades máximas de entre 90 y 110 km/h en los tramos más rápidos. Los tiempos récord de cada pista son tan valorados como los propios títulos del circuito, porque representan la excelencia técnica en condiciones de competición real.
El longboard dance: los récords de consistencia
En las disciplinas artísticas del longboard —dance y freestyle— el concepto de récord es diferente. No hay cronómetro ni distancia: el récord es la acumulación de títulos, el historial de victorias en los campeonatos más importantes.
Los riders con los palmarés más impresionantes en el longboard dance son principalmente asiáticos: riders de China y Taiwán que han dominado los campeonatos mundiales de World Skate en los últimos años con una consistencia que refleja la extraordinaria estructura de entrenamiento que existe en esos países para el dance.
En Europa, Francia y Alemania han dado los riders con mayor palmarés en las competiciones continentales, y algunos de ellos han alcanzado podios mundiales de forma recurrente. En América, los riders de Argentina, Colombia y Brasil han incrementado su presencia en los campeonatos mundiales en los últimos años.
El downhill más largo: los descensos épicos
Aunque no exista un récord Guinness oficial de distancia en longboard, la comunidad tiene sus propios descensos legendarios que se transmiten como parte de la cultura del deporte.
Algunos de los descensos más largos documentados están en los Andes: carreteras como la ruta de Coroico a Caranavi en Bolivia, conocida como la “Carretera de la Muerte” antes de que se abriera una alternativa más segura, permite descensos de más de 60 kilómetros con diferencias de altitud de más de 3.000 metros. Aunque esta carretera fue escenario de descensos en bicicleta (mountain bike) documentados y famosos, el longboard también ha tenido sus aventureros que han intentado recorrerla completa.
En las carreteras alpinas de Francia y Austria, hay descensos documentados de 15-25 kilómetros de longitud continua que son considerados algunos de los mejores del mundo para el downhill de larga distancia. La combinación de asfalto de calidad, pendiente sostenida y curvas bien peraltadas los hace ideales para sessions de varias horas.
Los récords de distancia en longboard touring
El “longboard touring” —recorrer distancias largas empujando con el pie— tiene sus propios récords épicos que no aparecen en Guinness pero que la comunidad conoce y celebra. Hay riders que han recorrido países enteros en longboard: toda la Costa Este de Estados Unidos, el camino de Santiago en España, o incluso travesías de varios miles de kilómetros que duran meses.
El récord más conocido de este tipo es el de David Cornthwaite, que en 2006 recorrió 5.823 kilómetros en longboard de norte a sur por Australia, de Perth a Brisbane, en 36 días y medio. Aunque Cornthwaite usaba una tabla que hoy podría considerarse más skate que longboard por sus dimensiones, su travesía es considerada un hito del longboard touring y la demostración de que la tabla puede ser mucho más que un juguete de skatepark.
El futuro de los récords
Los récords del longboard siguen actualizándose. En velocidad, aunque el récord de 146 km/h parece difícil de superar con la tecnología actual, hay riders que trabajan activamente en intentos de superarlo con nuevas configuraciones de equipo y trazados más adecuados. En dance, el nivel técnico sube cada año con nuevas generaciones de riders que empiezan a practicar a edades cada vez más tempranas y con acceso a una pedagogía del dance más estructurada que nunca.
El longboard es un deporte joven como disciplina organizada, y sus récords todavía tienen mucho recorrido.