Hay épocas en el deporte que pertenecen a un país de manera tan absoluta que resulta difícil explicarlas desde fuera. En el motociclismo mundial, desde aproximadamente 2006 hasta bien entrados los años 2020, esa época fue española. Una generación de pilotos nacida en los años 80 y 90, formada en los circuitos españoles y en las academias de jóvenes talentos, tomó el Campeonato del Mundo de MotoGP y lo convirtió en un dominio casi ininterrumpido.
El símbolo de esa era es Marc Márquez, el piloto de Cervera que llegó a MotoGP en 2013 y ganó el campeonato en su primera temporada, convirtiéndose en el debutante campeón más joven de la historia de la categoría reina. Pero Márquez no llegó solo: fue la culminación de un sistema que venía construyéndose desde hacía años.
El ecosistema que lo hizo posible
La hegemonía española en MotoGP no fue un accidente. Fue el resultado de una combinación de factores que se alinearon durante los años 2000. España construyó una infraestructura de circuitos de alta calidad —Jerez, Cheste, Catalunya, Motorland Aragón— que ofrecía a los jóvenes pilotos la posibilidad de entrenar en condiciones profesionales. Las federaciones autonómica y nacional invirtieron en el desarrollo de talentos jóvenes. Y los propios pilotos de élite crearon academias que producían nuevas generaciones.
El primero en romper el dominio extranjero fue Dani Pedrosa, que llegó a MotoGP en 2006 y durante años fue el referente técnico de la categoría: rápido, preciso, eficiente. Luego llegó Jorge Lorenzo, con una capacidad de concentración y una consistencia en la colocación de la moto que le valieron tres títulos mundiales. Y finalmente Márquez, el más completo y agresivo de todos.
Marc Márquez: el piloto que cambió los límites
Marc Márquez llegó a MotoGP con una reputación construida en categorías inferiores: agresivo, capaz de salvar caídas imposibles, incapaz de conformarse con el segundo puesto. Su primera temporada en 2013 fue una declaración de intenciones: seis victorias, doce podios y el campeonato con dos carreras de antelación. La edad —20 años— hacía el logro aún más extraordinario.
Lo que siguió fue un dominio que recordaba a los mejores años de Rossi o de Michael Schumacher en la Fórmula 1. Cuatro títulos consecutivos entre 2016 y 2019, con temporadas de una superioridad tan marcada que a veces parecía que el campeonato era un trámite. Pero a diferencia de otros dominadores que construían su superioridad sobre la consistencia y la gestión, Márquez lo hacía sobre la agresividad: tomaba riesgos que ningún otro piloto estaba dispuesto a asumir.
La fractura que cambió todo
En 2020, en el Gran Premio de España, Márquez sufrió una caída que le fracturó el húmero del brazo derecho. La operación inicial parecía exitosa, pero una decisión de volver demasiado pronto a la competición para no perderse el resto de la temporada —que al final se canceló por la pandemia— derivó en una rotura de la placa y en una segunda operación con complicaciones. El brazo no curó bien, y lo que parecía una lesión de meses se convirtió en años de sufrimiento, operaciones adicionales y una lucha contra su propio cuerpo.
La carrera de Márquez desde entonces ha sido una historia de recuperación que todavía no ha terminado de escribirse. Pero lo que ya está escrito es suficiente para situarlo entre los más grandes de la historia del motociclismo, y para que la era española de MotoGP sea recordada como uno de los periodos de mayor calidad en la historia del campeonato.