El tercer Mundial de Fútbol de la historia se celebró en Francia en junio de 1938, en un ambiente cargado de tensión política internacional. Europa se encontraba al borde de una nueva guerra: Alemania había anexionado Austria en marzo de ese mismo año y la amenaza de un conflicto generalizado era cada vez más palpable. Nadie sabía entonces que el torneo que comenzaba el 4 de junio sería el último en disputarse durante doce años.
La sombra de la guerra
La situación política convirtió el Mundial de 1938 en un acontecimiento marcado por la incertidumbre. Austria, que había sido un participante habitual en los torneos internacionales con su célebre Wunderteam, desapareció como selección tras ser anexionada por Alemania. Sus jugadores fueron repartidos entre el equipo alemán o simplemente descartados.
La FIFA mantuvo el torneo a pesar de las presiones y las incertidumbres. La selección argentina protestó airadamente por no haber sido elegida sede del torneo y se retiró de la competición. Varios países de América del Sur tampoco participaron, lo que redujo la representación intercontinental.
Fue el último Mundial con el viejo formato de eliminación directa desde la primera ronda. A partir de 1950, la competición adoptaría una fase de grupos inicial.
Brasil y la revelación de Leônidas
La gran sorpresa del torneo fue la selección brasileña y, dentro de ella, un delantero que dejó boquiabierta a la afición europea. Leônidas da Silva, apodado “El Diamante Negro”, combinaba una potencia atlética fuera de lo común con una técnica refinada y una capacidad goleadora que le situó como el máximo anotador del torneo con 7 goles.
Brasil eliminó a Polonia en los cuartos de final con un espectacular partido que terminó 6-5 en la prórroga, en el que Leônidas marcó cuatro tantos. Sin embargo, en semifinales, el seleccionador brasileño cometió el error de reservar a Leônidas para la hipotética final, y sin él, Italia se impuso (2-1). La paradoja fue que Brasil tampoco jugó la final: se conformó con el tercer puesto.
Italia revalida el título
El equipo italiano de Vittorio Pozzo demostró que el título de 1934 no había sido un accidente. Con una plantilla renovada pero que mantenía la solidez defensiva y la eficacia goleadora del ciclo anterior, Italia avanzó por el torneo con autoridad.
En cuartos de final venció a Francia, el país anfitrión (3-1), en un partido disputado ante una afición entregada al equipo local. En semifinales, el choque con Brasil fue el partido decisivo del torneo. Italia ganó (2-1) con una actuación colectiva de enorme nivel, demostrando que la defensa azzurra era capaz de neutralizar incluso al mejor atacante del momento.
La final del 19 de junio en el Colombes de París enfrentó a Italia con Hungría. Los magíaros fueron un rival de entidad, pero Italia se impuso claramente (4-2) con goles de Colaussi (2), Piola (2) y la respuesta húngara de Titkos y Sárosi. Vittorio Pozzo se convertía así en el único seleccionador de la historia en ganar dos Mundiales consecutivos, un récord que sigue en pie hoy.
España en el torneo
La ausencia de España del Mundial de 1938 fue consecuencia directa de la Guerra Civil española (1936-1939). El conflicto bélico que desangró al país durante tres años dejó completamente paralizada cualquier actividad deportiva organizada. La Federación Española de Fútbol estaba disfuncional y la selección no podía competir. Los futbolistas españoles estaban o en el frente, o en el exilio, o sobreviviendo en la retaguardia. Fue una generación perdida para el fútbol internacional.
Datos del torneo
El torneo se disputó en 10 estadios en el norte y sur de Francia. Se jugaron 18 partidos con 84 goles, una media de 4,67 por partido, la más alta de la historia del torneo hasta la fecha. Leônidas (7 goles) encabezó la tabla de goleadores, seguido por el húngaro György Sárosi (5) y el italiano Silvio Piola (5).
Fue el último acto de normalidad deportiva en Europa durante una larga temporada. Cuando el siguiente Mundial pudo disputarse, en Brasil en 1950, el mundo era un lugar completamente diferente: 60 millones de muertos y un orden geopolítico rehecho desde los cimientos.