El segundo Mundial de Fútbol de la historia se celebró en Italia entre el 27 de mayo y el 10 de junio de 1934. Fue el primer torneo celebrado en Europa y el primero en el que la sede fue elegida por la FIFA mediante un proceso competitivo. Bajo la sombra del régimen fascista de Benito Mussolini, el torneo adquirió una dimensión política que marcaría su memoria histórica.
El fútbol al servicio del fascismo
Mussolini vio en el Mundial de 1934 una oportunidad inmejorable para demostrar al mundo la capacidad organizativa y la superioridad del régimen fascista. El gobierno italiano invirtió en la construcción y remodelación de estadios, organizó la logística con eficiencia militar y utilizó la competición como propaganda política.
El papel de Vittorio Pozzo, seleccionador italiano, fue fundamental. Pozzo construyó un equipo disciplinado y eficaz que combinaba jugadores italianos de nacimiento con los llamados oriundi, futbolistas de origen italiano nacidos en Argentina como Luis Monti, que ya había jugado el Mundial de 1930 con la albiceleste. La presencia de estos jugadores generó controversia y debates sobre la nacionalidad deportiva que anticiparon discusiones contemporáneas.
El primer Mundial con eliminatorias
Por primera vez en la historia, el acceso al Mundial requirió superar una fase de clasificación previa. Participaron 32 selecciones en las eliminatorias previas para reducirse a 16. Uruguay, campeón vigente, optó por no defender el título en protesta por la escasa representación europea que había tenido el torneo de 1930. También se ausento Argentina, que tampoco quiso cruzar el Atlántico.
El formato fue de eliminación directa desde la primera ronda, sin fase de grupos inicial. Esto significaba que cada partido era definitivo desde el primer momento, lo que añadía una tensión excepcional a todos los encuentros.
El camino de Italia al título
Italia comenzó el torneo con una victoria contundente ante Estados Unidos (7-1). En cuartos de final, el camino del equipo anfitrión se cruzó con España en uno de los episodios más polémicos de la historia del torneo. El primer partido terminó con empate (1-1) tras una actuación del árbitro belga Louis Baert que fue duramente criticada. La repetición al día siguiente la ganó Italia (1-0) con un gol muy discutido.
En la semifinal, Italia venció a Austria (1-0) en un partido físico y difícil. El conjunto austriaco, conocido como el Wunderteam por sus brillantes actuaciones en los años previos, fue una de las grandes decepciones del torneo al no estar a la altura de su reputación en el momento decisivo.
La final enfrentó a Italia contra Checoslovaquia el 10 de junio en Roma. Los checoslovacos se adelantaron en el marcador, pero Italia igualó y en la prórroga Angelo Schiavio marcó el gol decisivo para dar a los italianos su primer título mundial (2-1).
España en el torneo
España tuvo una participación notable en este Mundial. En la primera ronda, la selección española venció a Brasil (3-1) con una actuación solvente. Sin embargo, el cruce con Italia en cuartos de final se convirtió en un episodio doloroso. El primer partido terminó en empate polémico, con el árbitro beneficiando repetidamente al equipo local según el testimonio de los jugadores españoles.
La repetición del día siguiente, con ambos equipos con jugadores lesionados del partido anterior, fue aún más conflictiva. Italia se impuso (1-0) en circunstancias muy discutidas. España abandonó el torneo con la sensación de haber sido eliminada de forma injusta, y esa percepción quedó grabada en la memoria del fútbol español durante décadas.
Datos del torneo
El torneo se disputó en 8 estadios repartidos por toda la península italiana, desde el Estadio del Partido Nacional Fascista en Roma hasta el Estadio Luigi Ferraris de Génova. Se jugaron 17 partidos y se marcaron 70 goles, con una media de 4,11 goles por partido.
Oldrich Nejedly, delantero de Checoslovaquia, fue el máximo goleador con 5 tantos. Italia, con Vittorio Pozzo en el banquillo, demostró ser un equipo coherente y ambicioso que supo aprovechar la ventaja de jugar en casa. El título de 1934 fue el primero de una serie que convirtió a la selección azzurra en una de las grandes potencias del fútbol mundial.