El Mundial de México de 1970 es unánimemente considerado uno de los torneos más brillantes de la historia del fútbol. Fue el primero televisado en color en Europa y América, lo que permitió a millones de espectadores ver por primera vez las camisetas amarillas de Brasil, el verde intenso del campo y la calidad técnica de una selección que muchos siguen considerando la mejor de todos los tiempos.
El primer Mundial en color
La televisión en color llegó a Europa justo a tiempo para el torneo de 1970. Millones de hogares del continente vieron por primera vez en directo el amarillo vibrante de la camiseta brasileña, los colores de las banderas de los países y la textura del juego con una fidelidad que el blanco y negro nunca había podido ofrecer. El torneo de México fue, en ese sentido, el inicio de la globalización del fútbol como espectáculo visual.
El Brasil eterno
El equipo brasileño de 1970 es el referente estético del fútbol a nivel mundial. Construido sobre la base técnica del bicampeonato de 1958 y 1962, pero con nuevos actores de primer nivel, Brasil llegó a México con una plantilla de lujo inigualable:
Pelé, con 29 años, estaba en su plenitud. Después de los Mundiales truncados por lesiones de 1962 y 1966, México 1970 fue su última gran actuación mundialista, y la convirtió en una obra maestra. Jairzinho marcó en cada partido del torneo, un récord sin precedentes. Rivelino tenía un chut exterior de zurda que era pura geometría. Gérson dirigía el juego desde el mediocampo con la precisión de un metrónomo. Tostão creaba espacios con inteligencia sin balón.
Brasil ganó los seis partidos del torneo, marcó 19 goles y recibió solo 7. El fútbol que mostraron —combinativo, veloz, técnico y profundamente colectivo— es el ideal platónico del juego que todos los entrenadores del mundo llevan décadas intentando imitar.
El Partido del Siglo
La semifinal entre Italia y Alemania Occidental del 17 de junio de 1970 en el Estadio Azteca es conocida como el Partido del Siglo. El encuentro comenzó con un gol de Boninsegna para Italia y siguió con una parálisis táctica que parecía encaminarse a un resultado cerrado. Pero en el descuento, Schnellinger igualó para los alemanes, llevando el partido a la prórroga.
Lo que vino después fue una tormenta de goles: cinco en treinta minutos, con las defensas agotadas y los ataques lanzados al vacío. Müller (2), Grabowski, Riva y Rivera intercambiaron goles en una montaña rusa emocional sin precedentes. Italia ganó 4-3 en el partido más épico de la historia del torneo. La placa conmemorativa que recuerda el partido sigue colgada en el Estadio Azteca.
La final
La final del 21 de junio en el Estadio Azteca fue un paseo triunfal para Brasil. Italia, exhausta por la batalla de la semifinal, no pudo resistir la calidad brasileña. El 4-1 final, con gol de Pelé y otros de Gérson, Jairzinho y Carlos Alberto (un gol colectivo de 14 toques que es el más reproducido de la historia del fútbol) fue un recital.
Brasil se quedó definitivamente con la Copa Jules Rimet al haberla ganado por tercera vez, según el reglamento que establecía esa condición. El trofeo quedó en custodia de la CBF. Años después sería robado en Brasil y nunca recuperado.
España en el torneo
España no se clasificó para el Mundial de México de 1970. La fase de clasificación resultó un obstáculo insalvable y la selección tuvo que ver el torneo desde fuera, en un período de relativo estancamiento del fútbol español.
Datos del torneo
Se jugaron 32 partidos con 95 goles (2,97 de media). Gerd Müller (Alemania Occidental) fue el máximo goleador con 10 tantos. El torneo se disputó a gran altitud en varias sedes —Ciudad de México está a 2.240 metros—, lo que condicionó la preparación física de los equipos y añadió un factor diferencial a la competición.