Antes de que el paracaidismo se convirtiera en un deporte de ocio o de competición, fue durante décadas un instrumento de guerra. La Segunda Guerra Mundial no solo demostró el potencial táctico del paracaidista militar; también creó la infraestructura humana, técnica y cultural que haría posible el nacimiento del paracaidismo deportivo en los años 50.
Los precursores: los fallschirmjäger alemanes
La Alemania nazi fue la primera potencia en desarrollar una doctrina efectiva de empleo de tropas paracaidistas a gran escala. Los fallschirmjäger (literalmente “cazadores de paracaídas”) fueron utilizados en la invasión de Polonia en 1939, pero su debut más espectacular llegó en mayo de 1940 con el asalto al fuerte de Eben-Emael en Bélgica —considerado inexpugnable— y los saltos sobre Holanda para tomar puentes estratégicos.
El punto culminante del paracaidismo alemán fue la invasión de Creta en mayo-junio de 1941: la Operación Merkur fue el primer asalto aerotransportado de la historia capturar una isla completamente mediante paracaidistas. Sin embargo, las pérdidas fueron tan devastadoras que Hitler nunca volvió a autorizar operaciones aerotransportadas masivas. Los aliados, en cambio, aprendieron y mejoraron la técnica.
Las divisiones aerotransportadas aliadas
Estados Unidos y el Reino Unido desarrollaron sus propias divisiones aerotransportadas a gran velocidad. La 82ª División Aerotransportada (“All American”) y la 101ª División Aerotransportada (“Screaming Eagles”) se convirtieron en las unidades de élite del ejército americano. El Reino Unido formó la 1ª División Aerotransportada Británica y la 6ª División Aerotransportada.
El bautismo de fuego masivo de los paracaidistas aliados llegó en la noche del 5 al 6 de junio de 1944, con los saltos previos al Desembarco de Normandía. Más de 13.000 paracaidistas americanos y 7.000 británicos saltaron en la oscuridad para asegurar los flancos del desembarco en las playas.
La batalla de Arnhem: un puente demasiado lejos
En septiembre de 1944, la Operación Market Garden fue el mayor asalto aerotransportado de la guerra: 35.000 tropas depositadas en tres corredores en Holanda, con el objetivo de cruzar el Rin por el puente de Arnhem. La 1ª División Aerotransportada Británica fue la más golpeada: aislada, sin refuerzos, combatió durante nueve días antes de ser destruida casi completamente. Solo 2.000 de sus 10.000 hombres cruzaron de vuelta al Rin. La frase “un puente demasiado lejos” quedó para siempre asociada a esta operación.
El legado para el deporte
Cuando terminó la guerra, centenares de miles de soldados de ambos bandos tenían experiencia real en el salto en paracaídas. Muchos de ellos, especialmente en Estados Unidos, no quisieron abandonar esa actividad. Los excedentes de material militar —paracaídas, arneses, aviones— estaban disponibles a precios muy bajos. Los antiguos instructores militares tenían las habilidades para enseñar. Todas las condiciones estaban dadas para que el paracaidismo deportivo naciera.