La fase más crítica del salto
Estadísticamente, la mayoría de lesiones en paracaidismo ocurren durante el aterrizaje. Un aterrizaje mal ejecutado puede provocar torceduras de tobillo, fracturas de tibia o lesiones en columna, incluso con velocidades de descenso que parecen moderadas. Por eso el entrenamiento de la técnica de aterrizaje comienza en el primer día de cualquier curso y se repite sistemáticamente.
Hay dos técnicas principales: el aterrizaje de pie (standing landing) en condiciones óptimas de viento y espacio, y la caída de paracaidista (PLF) como opción de seguridad cuando el aterrizaje no se ejecuta a la perfección.
El flare: la frenada final
El flare es la maniobra de frenada que realiza el paracaidista en los últimos metros de aproximación. Al tirar simultáneamente de ambos controles hacia abajo se aumenta la curvatura de las celdas traseras, lo que reduce bruscamente la velocidad vertical y aumenta la sustentación durante un segundo o dos. Una ejecución perfecta del flare permite aterrizar de pie casi sin impacto.
Los dos errores más comunes son fregar demasiado alto (a más de 5 metros), lo que provoca una pérdida de velocidad prematura y luego una caída brusca, o fregar demasiado bajo (a menos de 1 metro), lo que no deja tiempo suficiente para que el paracaídas responda. Aprender la altura correcta requiere experiencia de vuelo y es diferente para cada paracaídas.
Standing landing: aterrizaje de pie
Cuando el flare está bien ejecutado y el viento es favorable (3-15 km/h en cara), es posible aterrizar de pie con suavidad. El paracaidista debe mantener las piernas semiflexionadas y los pies juntos en el momento del contacto. No debe intentar dar pasos o frenar con una sola pierna, ya que el peso del equipo (unos 12 kg) puede desequilibrarle fácilmente.
PLF: la caída de paracaidista
La PLF (Parachute Landing Fall) es obligatoria siempre que el aterrizaje de pie no sea posible: velocidades de viento excesivas, terreno irregular, aproximación corta o fallo en el flare. La secuencia es: pies y rodillas juntos, rodillas flexionadas, torso ligeramente inclinado hacia adelante. Al contacto, las rodillas ceden y el cuerpo rueda lateralmente de forma continua por la pantorrilla, el muslo, la cadera y el hombro en ese orden. Ningún punto del cuerpo debe recibir todo el impacto.
Preparación y lectura del terreno
En los últimos 100 metros de altura, el paracaidista debe confirmar que está alineado con el viento, identificar obstáculos en el área de aterrizaje y decidir qué técnica va a usar. Si hay dudas sobre la exactitud del aterrizaje, la PLF es siempre la opción más segura. Prepararse para la PLF aunque se espere aterrizar de pie es un hábito que salva articulaciones.