La pelota a mano tiene en el País Vasco y Navarra un nivel de profesionalismo que la distingue de cualquier otro territorio. Los mejores pelotaris del mundo son deportistas de alto rendimiento que dedican su vida al frontón, entrenando a diario y compitiendo en un circuito que lleva décadas generando partidos de altísimo nivel.
La estructura del circuito profesional
El circuito profesional de pelota a mano está gestionado principalmente por Aspe (Asociación de Profesionales del Espectáculo de Pelota), una empresa que actúa como organizadora del espectáculo pelotazal en el País Vasco. Aspe contrata a los mejores pelotaris mediante acuerdos económicos y organiza el calendario de partidos en los frontones más importantes.
El sistema funciona de la siguiente manera: los frontones (generalmente de titularidad pública o de asociaciones) alquilan o conceden el espacio a la empresa organizadora, que confecciona los carteles de los partidos, vende las entradas al público y retribuye a los pelotaris según los contratos acordados.
Los partidos se celebran principalmente en temporada de otoño a primavera, con un descanso en verano. El calendario incluye partidos individuales y de parejas, con los mejores jugadores enfrentándose en combinaciones que el público y la empresa van acordando según el interés deportivo de los emparejamientos.
Los frontones de referencia
Los frontones más importantes del circuito profesional son escenarios con décadas de historia y una atmósfera única:
Frontón Labrit (Pamplona): el frontón más emblemático de Navarra, situado en el casco viejo de Pamplona. Alberga partidos de máximo nivel durante todo el año y se llena especialmente durante los Sanfermines y en los períodos festivos navarros. Su ambiente, con el público muy cerca de la cancha, es único en el mundo de la pelota.
Frontón Bizkaia (Bilbao): la referencia vizcaína, que alberga tanto partidos de mano como de pala y otras modalidades. Tiene capacidad para varios miles de espectadores y es el escenario donde se han disputado algunos de los partidos más importantes de la historia del circuito.
Frontón Atano III (San Sebastián): lleva el nombre de la leyenda histórica de la pelota vasca y es uno de los escenarios más queridos por los aficionados donostiarras.
Además de estos grandes frontones, el circuito lleva los partidos a frontones más pequeños de pueblos y ciudades de todo el País Vasco y Navarra, lo que permite que la afición de cada comarca pueda ver a los mejores jugadores en vivo.
La vida del pelotari profesional
Ser pelotari profesional es una carrera con características muy específicas. El ciclo habitual incluye:
La formación: los jóvenes con talento empiezan a destacar en las categorías de base desde los doce o catorce años. Las mejores escuelas de pelota del País Vasco tienen instructores de primer nivel que enseñan la técnica y preparan físicamente a los futuros pelotaris.
Los años de ascenso: entre los dieciséis y los veinticuatro años, los mejores jóvenes van completando su formación técnica y ganando experiencia en partidos de menor relevancia, hasta que la empresa decide incluirlos en los carteles del circuito principal.
La carrera profesional: los años de plenitud de un pelotari de mano suelen estar entre los veinticinco y los cuarenta años. La mano, como modalidad que no requiere un instrumento sino solo la condición física y la técnica de la mano, permite carreras largas si el jugador cuida su físico y no sufre lesiones importantes.
El retiro y la reconversión: los pelotaris retirados frecuentemente se convierten en entrenadores, en gestores de frontones o en árbitros. Su conocimiento del juego es muy valorado para la formación de las nuevas generaciones.
Las apuestas y la afición
Uno de los elementos que distingue al mundo de la pelota vasca es la apuesta como parte intrínseca de la experiencia del espectador. En los frontones, es habitual que el público apueste entre sí (y no a través de un sistema oficial de apuestas) sobre el resultado del partido o de cada juego. Esta costumbre tiene siglos de tradición y es parte de la cultura pelotazal.
Los apostadores más activos se conocen como corredores y funcionan como intermediarios entre los aficionados que quieren apostar. Este sistema informal de apuestas convive con la asistencia al frontón como espectáculo deportivo puro: hay aficionados que van solo a ver el partido y no apuestan nada, y hay otros que basan buena parte de su experiencia en el frontón en la emoción de la apuesta.