La prueba de equitación del pentatlón moderno clásico es única en el deporte olímpico. Ningún otro atleta olímpico compite con un animal que nunca ha visto antes y con el que solo ha tenido 20 minutos de contacto. Esta regla, que parece una rareza, tiene sus raíces en la filosofía fundacional del deporte y en la historia militar que inspiró su creación.
Un deporte sin ventajas económicas
La razón central del sorteo del caballo es la equidad. En la equitación olímpica convencional, los jinetes y sus caballos pasan años construyendo una relación y un entrenamiento conjunto. Los mejores animales son extraordinariamente caros, y los países más ricos tienen una ventaja estructural que refleja el coste de los caballos de competición.
En el pentatlón moderno, el sorteo elimina completamente esta desventaja. Todos los atletas, independientemente del presupuesto de su federación o de su experiencia ecuestre personal, deben competir con caballos locales proporcionados por la organización. El caballo que le toca a cada atleta en el sorteo es completamente aleatorio.
Los 20 minutos de familiarización
Antes de que comience el recorrido de competición, los atletas tienen 20 minutos exactos para conocer su caballo. Este período de familiarización es fundamental y los mejores pentatletas saben aprovecharlo al máximo. El protocolo habitual incluye:
- Presentación tranquila: acercarse al caballo con calma, dejando que el animal huela y reconozca al jinete antes de montar.
- Primeras vueltas al paso y al trote: evaluar cómo responde el caballo a las riendas y a las piernas.
- Prueba de algunos saltos: valorar la potencia, el estilo y la regularidad del animal al saltar, para ajustar el galope de aproximación a los obstáculos.
- Adaptación de los estribos y equipo: asegurarse de que la montura esté bien ajustada para el cuerpo del jinete.
El recorrido de competición
Una vez comienza la prueba, el atleta y su caballo (que se conocen desde hace apenas 20 minutos) deben completar un recorrido de 12 obstáculos en el tiempo establecido. Los obstáculos tienen una altura máxima de 120 centímetros y pueden incluir combinaciones de dos o tres saltos seguidos, obstáculos de agua y obstáculos de forma irregular.
Cada obstáculo derribado supone una penalización en puntos. Si el caballo se niega a saltar un obstáculo (lo que se llama “negativa” o “plantada”), también se penaliza, y una segunda negativa puede suponer la eliminación. Exceder el tiempo límite del recorrido también resta puntos.
El factor imprevisible
Lo que hace única y dramática esta prueba es precisamente su imprevisibilidad. Un atleta puede llegar a la equitación como favorito absoluto y encontrarse con un caballo difícil, asustadizo o que simplemente no acepta al jinete. La historia del pentatlón moderno tiene ejemplos de grandes campeones que han visto sus posibilidades de medalla destruidas por un mal sorteo.
El caso más conocido ocurrió en los Juegos Olímpicos de Tokio 2020, cuando la alemana Annika Schleu, que lideraba la competición por amplio margen antes de la equitación, se encontró con un caballo llamado Saint Boy que se negó reiteradamente a saltar. Schleu, desesperada, no pudo controlar al animal y quedó fuera del podio. El incidente desató una enorme controversia sobre el futuro de la disciplina ecuestre en el pentatlón moderno y contribuyó decisivamente a la decisión de la UIPM de sustituirla por la carrera de obstáculos a partir de París 2024.