En la petanca francesa del final del siglo XX y principios del XXI, si Marco Foyot era la figura dominante por excelencia, Philippe Quintais era su digno sucesor y complemento. Nacido en 1967, Quintais desarrolló una carrera brillante que le valió múltiples títulos mundiales y la reputación de ser uno de los mejores tireurs en la historia del deporte.
El perfil de un especialista
Si Foyot era conocido por su versatilidad y por la perfección casi matemática de su técnica, Quintais construyó su reputación sobre una especialización: el tir. Era un tireur de los que hacen daño desde el primer lanzamiento, con una potencia y una precisión que resultaban devastadoras para los rivales.
Su carreaux —el tiro perfecto donde la bola propia queda donde estaba la rival— era ejecutado con una fluidez y una regularidad que marcaba la diferencia. Los rivales que tenían bien colocada su mejor bola sabían que, con Quintais en el equipo contrario, esa ventaja podía desaparecer en un solo lanzamiento.
Los años de gloria con la selección francesa
Quintais representó a Francia en numerosas ediciones del Campeonato del Mundo de la FIPJP a lo largo de sus años de máximo rendimiento. Durante ese período, la selección francesa era la más temida del mundo, y Quintais era una de las razones principales.
En las tripletas, su rol como tireur de referencia era claro: cuando el equipo necesitaba sacar una bola rival bien colocada o cambiar el panorama de una mano con un lanzamiento decisivo, era Quintais el que tomaba la bola y resolvía. Y lo hacía con una consistencia que es la marca de los grandes jugadores: no una vez, no en los torneos buenos, sino sistemáticamente, también cuando la presión era máxima.
La sociedad con Foyot
Aunque ambos son jugadores con personalidades y estilos propios, la sociedad entre Quintais y Foyot dentro de la selección francesa es uno de los temas recurrentes cuando se habla de la petanca francesa de esa época. Juntos en una tripleta, con un tercer jugador de pointé de calidad, formaban un equipo extraordinariamente difícil de batir.
La complementariedad era perfecta: Foyot podía hacer de todo con excelencia, y Quintais aportaba una profundidad especial en el tir que llevaba al conjunto a un nivel todavía más alto. Sus rivales sabían que si dejaban una bola bien colocada cerca del cochonnet, Quintais tenía la capacidad técnica de sacarla. Y si Foyot intentaba un pointé de alta dificultad, lo hacía con el respaldo de saber que si fallaba, Quintais podía corregir la situación.
La gestión de la presión
Una de las cualidades más valoradas en Quintais por quienes lo han visto jugar es su gestión de la presión. Los momentos más difíciles —una final del mundo con el resultado igualado, un tiro que puede definir el campeonato— son los que mejor revelan a un jugador. Y Quintais era de los que mejor respondían.
No todos los jugadores técnicamente brillantes son también grandes competidores. La petanca de alto nivel está llena de jugadores que entrenan fenomenal pero que bajo presión fallan más de lo esperado. Quintais no era de esos. Su regularidad en los grandes torneos era la prueba de que su técnica era tan sólida que resistía incluso las situaciones de máximo estrés competitivo.
El legado en la petanca francesa
Al igual que Foyot, Quintais es hoy un punto de referencia para las nuevas generaciones de jugadores franceses. Su carrera ha sido un modelo de profesionalidad y dedicación en un deporte que, a diferencia del fútbol o el tenis, no tiene el nivel económico que permita a los jugadores dedicarse exclusivamente a él.
El hecho de que Quintais y Foyot hayan alcanzado ese nivel de dominio mundial compaginando la petanca con otras actividades profesionales es, en sí mismo, un testimonio de la profundidad del talento que el sur de Francia ha producido en este deporte.