La petanca es un deporte de precisión practicado por millones de personas en todo el mundo, con una especial presencia en las franjas de edad adulta y veterana. Su apariencia tranquila no debe confundirse con ausencia de riesgo: el gesto de lanzamiento repetido durante horas, las posturas de agacharse para medir y recoger las bolas, y la exigencia técnica de los jugadores de alto nivel generan un perfil de lesiones propio, dominado por las patologías de sobreuso y las molestias relacionadas con la postura. La prevención es muy accesible con unas sencillas medidas de calentamiento y fortalecimiento muscular.
Lesiones más frecuentes
Tendinitis del hombro. El lanzamiento de la bola implica un movimiento de balanceo del brazo que activa repetidamente los tendones del manguito rotador. En partidas largas o temporadas de alta actividad, la tendinitis del supraespinoso es la lesión más frecuente del hombro en petanquistas activos.
Epicondilitis lateral (codo del jugador). Los músculos extensores del antebrazo trabajan en cada lanzamiento para controlar la trayectoria y el backspin de la bola. La sobrecarga repetida del tendón en su inserción en el epicóndilo lateral genera dolor e inflamación que puede volverse crónico si no se trata.
Tenosinovitis de la muñeca. El giro de la muñeca en el momento del lanzamiento —el característico efecto de retroceso— somete a los tendones de la muñeca a una torsión repetida. La tenosinovitis de De Quervain —afectación de los tendones del pulgar— es una lesión frecuente en jugadores con técnica de lanzamiento con mucho efecto.
Dolor lumbar. La recogida de las bolas del suelo a lo largo de toda la partida implica numerosas flexiones del tronco. En jugadores con poca movilidad de cadera o musculatura lumbar débil, estas flexiones repetidas sobrecargan los discos lumbares y la musculatura paravertebral.
Contusiones en los pies. Aunque poco frecuentes, los impactos de las bolas metálicas en los pies —especialmente en calzado inadecuado— pueden producir contusiones y, en casos extremos, fracturas de los dedos del pie.
Factores de riesgo
El aumento brusco del volumen de juego —por ejemplo, al inicio de la temporada o durante torneos de varios días— es el principal desencadenante de las tendinitis. La técnica de lanzamiento deficiente que fuerza excesivamente la muñeca o el codo aumenta la carga articular. La falta de calentamiento antes de una partida larga, especialmente en días fríos, reduce la elasticidad tendinosa. El uso de bolas demasiado pesadas para la fuerza del jugador multiplica la carga sobre el hombro y el codo.
Cómo prevenirlas
El calentamiento antes de una partida larga debe incluir movilización de hombro, codo, muñeca y columna lumbar, con algunos lanzamientos progresivos antes de alcanzar la intensidad competitiva. El fortalecimiento del manguito rotador con bandas elásticas —rotaciones internas y externas— es la medida preventiva más eficaz para el hombro. Doblar las rodillas en lugar de curvar la espalda al recoger las bolas del suelo protege la columna lumbar. Elegir bolas del peso y diámetro adecuados para la mano del jugador reduce la carga en cada lanzamiento. El uso de calzado cerrado y resistente protege los pies de los impactos accidentales.
Recuperación
La tendinitis del hombro leve responde a dos a cuatro semanas de reducción del volumen de juego combinada con fisioterapia. La epicondilitis lateral mejora con ejercicios excéntricos de los extensores del antebrazo y, si es persistente, puede requerir infiltración. La tenosinovitis de la muñeca se trata con reposo de la articulación —ferulización temporal— y antiinflamatorios locales. El dolor lumbar agudo mejora en una a dos semanas con reposo relativo y calor local; el crónico requiere fisioterapia y trabajo de core. La vuelta al juego tras una tendinitis debe ser gradual, comenzando con sesiones cortas y sin esfuerzo máximo antes de recuperar el nivel de juego habitual.