El hombre común que venció a los dioses
La historia de Chris Moneymaker es, técnicamente, la historia de un jugador de póker que ganó un torneo. Pero en términos de impacto cultural, es algo mucho más grande: es la historia que demostró a millones de personas en todo el mundo que el sueño de ganar en las WSOP no era solo para los profesionales, sino para cualquiera con habilidad, suerte y agallas.
Nació el 21 de noviembre de 1975 en Atlanta, Georgia. Creció en Tennessee y estudió contabilidad, trabajando como contador —de ahí su apodo no oficial— en un restaurante de Nashville mientras jugaba al póker por internet como pasatiempo. No era un jugador de alto nivel ni tenía planes de serlo. Tenía trabajo, familia y una afición que se convirtió en algo más grande de lo que nunca imaginó.
Los 86 dólares que cambiaron el mundo
En la primavera de 2003, Moneymaker entró en un torneo satélite de PokerStars pagando 86 dólares (otros relatos hablan de 39 dólares más una serie de escalones de satélites encadenados). El objetivo del satélite era ganar una entrada de 10.000 dólares para la WSOP Main Event en Las Vegas.
Moneymaker ganó el satélite. Reservó vuelo y hotel. Y viajó a Las Vegas sin haber jugado nunca un torneo en vivo de ese nivel.
En las WSOP 2003, el campo era de 839 jugadores, un número ya grande para la época pero diminuto comparado con lo que vendría después. Moneymaker avanzó jornada a jornada, tomando decisiones valientes y teniendo la suerte necesaria en los momentos clave. El farol famoso contra Sam Farha en la mesa final fue el instante que lo decidió todo.
El 21 de mayo de 2003, Chris Moneymaker se convirtió en campeón del mundo de póker y se embolsó 2.500.000 dólares. Su retorno sobre la inversión inicial —86 dólares transformados en 2,5 millones— es uno de los más extraordinarios de la historia del deporte.
El efecto Moneymaker
El impacto de su victoria fue inmediato y masivo. En el año siguiente, el número de participantes en la WSOP Main Event pasó de 839 a 2.576. En 2006 se alcanzó el récord de 8.773 jugadores. Las plataformas de póker online, lideradas por PokerStars, vieron multiplicarse su número de usuarios por diez en tres años.
El “efecto Moneymaker” es el término acuñado por la industria del póker para describir el fenómeno: la democratización del acceso a los grandes torneos a través de los satélites online, la idea de que cualquiera puede sentarse a la misma mesa que los mejores y, con los naipes de su parte, ganar.
La vida después de 2003
Moneymaker siguió jugando al póker tras su victoria, aunque sus resultados posteriores confirman lo que muchos sospechaban: fue un gran campeón en 2003, pero no es un jugador de élite sostenida. Su valor para el mundo del póker es otro: es el símbolo, el embajador, la prueba viviente de que el sueño existe.
PokerStars lo contrató como embajador y durante años fue la cara de la marca. Ha recorrido el mundo jugando en eventos mediáticos, firmando autógrafos y contando su historia. Más recientemente ha creado su propio circuito de torneos para aficionados, el Moneymaker Tour, diseñado precisamente para reproducir la experiencia que él tuvo: dar a los jugadores no profesionales la posibilidad de competir en un entorno serio y emocionante.
Su apellido —Moneymaker, “fabricante de dinero”— parecía predestinado. No había otro nombre posible para el hombre que cambió el mundo del póker para siempre.