Los antecedentes: Europa y Persia
El póker no surgió de la nada. Los historiadores del juego identifican dos grandes antecedentes directos: el poque francés y el as-nas persa.
El poque (también escrito “poquer”) era un juego de cartas popular en Francia desde el siglo XVII. Se jugaba con una baraja de 32 cartas y combinaba apuestas con la idea de engañar al rival sobre la fuerza de la mano. Los colonos franceses que se establecieron en Louisiana a principios del siglo XVIII llevaron el poque al Nuevo Mundo, donde evolucionaría de forma independiente.
El as-nas era un juego persa documentado desde el siglo XVII que se jugaba con una baraja de 25 cartas (cinco figuras distintas, cinco de cada una) y cinco cartas por jugador. Los jugadores hacían apuestas en función de la fuerza de sus combinaciones, y el engaño era una parte central de la estrategia. Algunos historiadores consideran que marineros y comerciantes persas pudieron transmitir el as-nas a los puertos del Golfo de México, donde confluyó con influencias europeas.
Nueva Orleans: la cuna del póker americano
El origen más documentado del póker moderno es Nueva Orleans, la ciudad más cosmopolita del sur de los Estados Unidos a principios del siglo XIX. Puerto de entrada de mercancías y personas de medio mundo, melting pot de culturas francesas, españolas, africanas y anglosajonas, Nueva Orleans era el escenario perfecto para que un juego de cartas evolucionara rápidamente.
El actor inglés Joseph Crowell fue el primero en describir el juego en 1829: en sus memorias menciona un juego de cartas en los barcos del Mississippi en que cuatro jugadores, con 20 cartas (A-K-Q-J-10, las cinco más altas de la baraja), recibían cinco cartas cada uno y apostaban sobre la fuerza de sus combinaciones. La clave del juego ya era el engaño: los jugadores podían apostar mucho aunque tuvieran cartas débiles para hacer creer a los rivales que tenían una mano imbatible.
Los barcos del Mississippi: el primer circuito de póker
Los barcos de vapor del río Mississippi fueron el primer circuito del póker profesional. Conectaban el puerto de Nueva Orleans con las ciudades del interior —Natchez, Memphis, St. Louis— transportando mercancías, viajeros y también jugadores profesionales itinerantes.
Estos jugadores, conocidos como “sharps” o fulleros, se ganaban la vida en las mesas de los barcos. Eran hábiles, despiadados y a menudo tramposos: el uso del as-na-me (esconder cartas en la manga) era una práctica habitual que dio lugar a la expresión “tiene un as en la manga”. La tensión entre el juego legítimo y el tramposo fue constante durante toda la era de los barcos de vapor, y varios incidentes acabaron en violencia cuando un jugador atrapaba a otro haciendo trampas.
El Salvaje Oeste y la expansión por América
La Guerra de Secesión (1861-1865) fue un catalizador inesperado para la expansión del póker. Los soldados de ambos bandos jugaban entre sí en los campamentos, y cuando volvieron a casa llevaron el juego consigo a todos los rincones del país. Los territorios del Oeste —Texas, Oklahoma, California— adoptaron el póker como parte de la cultura del saloon.
El “Salvaje Oeste” del siglo XIX es inseparable de la imagen del póker: las mesas de los saloons, los pistoleros jugando en silencio, las apuestas con oro y rancheros. Figuras históricas como Wild Bill Hickok son asociadas para siempre con el juego. Hickok fue asesinado en 1876 mientras jugaba una mano de póker en Deadwood, Dakota; según la leyenda, tenía en la mano un par de ases y un par de ochos —desde entonces conocida como la “mano del hombre muerto”— aunque la quinta carta nunca quedó definitivamente establecida.
La baraja de 52 y las nuevas variantes
La adopción de la baraja completa de 52 cartas se fue imponiendo a partir de la segunda mitad del siglo XIX, permitiendo que jugaran más personas al mismo tiempo y que aparecieran nuevas variantes. En este período se desarrollaron el Stud póker (con cartas mezcladas de boca arriba y boca abajo), el Draw póker (donde los jugadores pueden descartar y robar nuevas cartas) y eventualmente, ya en el siglo XX, el Texas Hold’em.
El póker del siglo XIX es ya reconociblemente el mismo juego que se juega hoy: apuestas, bluff, combinaciones de manos, tensión psicológica. Lo que cambió radicalmente en el siglo XX fue la organización, los premios y la audiencia.