El Abierto Argentino de Polo de 2016 fue el escenario de uno de los momentos más insólitos y fascinantes de la historia del deporte mundial. Adolfo Cambiaso, el mejor jugador de polo de todos los tiempos, disputó un partido montando en sus distintos chukkers a seis caballos que eran genéticamente idénticos: seis clones de su yegua favorita, Aiken Cura.
Aiken Cura: el animal que lo cambió todo
Aiken Cura fue una yegua de polo criolla de cualidades excepcionales que Cambiaso describía como el mejor caballo con el que había jugado en su carrera. Las características que la hacían tan especial eran su velocidad, su inteligencia para leer el juego, su reactividad a las señales del jinete y su temperamento: siempre serena bajo la presión del partido de alto nivel.
Cuando Aiken Cura comenzó a envejecer y su rendimiento competitivo inevitable empezó a declinar, Cambiaso tomó una decisión que cambiaría la historia del polo: en lugar de dejar que esas cualidades genéticas únicas se perdieran con el animal, las preservaría mediante la clonación. Trabajando con la empresa argentina de biotecnología Kheiron Biotech, los científicos obtuvieron células de Aiken Cura y produjeron varios clones genéticamente idénticos al original.
El partido histórico
En el Abierto Argentino de 2016, Cambiaso decidió hacer una demostración que era también un experimento en directo ante el mundo del polo: disputar un partido completo montando exclusivamente a clones de Aiken Cura en cada chukker.
El resultado fue un espectáculo único: seis caballos genéticamente idénticos, nacidos en distintos momentos pero con el mismo ADN, se turnaron para llevar a Cambiaso por el campo del Palermo. Cada animal había sido entrenado individualmente desde potro, por lo que aunque compartían genes, sus personalidades y niveles de rendimiento tenían matices distintos. Pero la base genética de excelencia de Aiken Cura era reconocible en todos ellos.
El impacto en el mundo del polo y del deporte
El partido de los seis clones fue noticia mucho más allá del polo. Los medios internacionales recogieron la historia con fascinación: un atleta de élite compitiendo con seis copias idénticas de su animal era una imagen que pertenecía a la ciencia ficción y que sin embargo era completamente real.
El hecho puso el foco en la clonación equina como práctica, en sus implicaciones legales (la FIP no prohíbe los clones), éticas (¿es justo que los equipos más ricos puedan replicar sus mejores animales?) y económicas (el coste de un clon de calidad supera los 100.000 euros).
El legado del experimento
Desde 2016, otros jugadores de polo de alto nivel han seguido el camino de Cambiaso y han clonado sus mejores caballos. La práctica se ha normalizado en el polo de élite, aunque sigue siendo el territorio de los más adinerados.
El partido de los seis clones queda como un hito único en la historia del deporte: la primera vez que un atleta de élite demostró públicamente que la tecnología de la clonación puede ser parte de la estrategia competitiva de alto rendimiento. Y el hecho de que ese momento haya ocurrido en el polo —el deporte donde la calidad del caballo es tan determinante como la del jinete— lo hace perfectamente coherente con la naturaleza única del deporte.