Hace tres mil años, un grupo de navegantes dejó las costas de lo que hoy es Taiwán o las Filipinas y se lanzó al mayor océano del mundo sin mapas, sin GPS y sin posibilidad de dar marcha atrás. Con el tiempo, sus descendientes colonizaron un territorio que abarca más de 28 millones de kilómetros cuadrados, llegando hasta Hawái por el norte, Nueva Zelanda por el suroeste y la Isla de Pascua por el este. La embarcación que hizo posible esta hazaña era el va’a: el outrigger canoa.
La tecnología que cambió el Pacífico
El va’a polinésico no era una sola embarcación sino una familia de diseños adaptados a distintos usos. Los va’a de pesca eran pequeños, manejables y rápidos; los de transporte entre islas cercanas eran más grandes; y los va’a tele (o catamaranes dobles en algunas culturas), usados para las grandes migraciones oceánicas, podían transportar a decenas de personas con sus animales, semillas y enseres.
El elemento definidor del va’a es el ama, el flotador lateral conectado al casco principal por dos brazos horizontales llamados iako. Esta solución técnica es ingeniosamente simple: en lugar de hacer el casco más ancho (lo que añadiría resistencia al avance), se añade un segundo punto de apoyo lateral que previene el vuelco sin penalizar la velocidad.
El ama se sitúa siempre en el lado de barlovento (el lado desde el que sopla el viento) para que la presión del viento sobre la embarcación tienda a levantarlo en lugar de hundirlo. Esta asimetría significa que el va’a está diseñado para navegar con el viento predominante, lo que en el Pacífico son los vientos alisios que soplan de este a oeste. Los navegantes polinesios aprovechaban estos vientos para avanzar y usaban otras estrategias (corrientes, cambios estacionales del viento) para los viajes de regreso.
La navegación sin instrumentos
Lo que hacían los navegantes polinesios con sus va’a es una de las mayores hazañas intelectuales de la humanidad. Sin instrumentos de navegación occidentales, los maestros navegantes (llamados palu en Micronesia o tohunga korero en maorí) memorizaban constelaciones, corrientes oceánicas, pautas de vientos estacionales, comportamiento de los pájaros marinos y el color y temperatura del agua para encontrar islas en medio de un océano inmenso.
Esta forma de navegación, llamada wayfinding en inglés (navegación por señales naturales), se transmitía oralmente de generación en generación y constituía un conocimiento extremadamente valioso y celosamente guardado. Con la colonización occidental, este saber casi desapareció; en el siglo XX, organizaciones culturales hawaianas y polinesiacas trabajaron para recuperarlo y hoy hay navegantes que han completado travesías de miles de kilómetros usando solo estas técnicas ancestrales.
Del transporte al deporte
La transición del va’a desde herramienta de supervivencia a embarcación deportiva fue gradual. Las regatas informales entre pescadores y entre aldeas probablemente existen desde que existen va’as y humanos competitivos. Pero la organización formal del outrigger como deporte moderno comenzó en Hawái a principios del siglo XX.
La fundación del Outrigger Canoe Club de Honolulu en 1908 fue un hito fundamental. Este club, creado en parte para preservar el surf y el paddling hawaianos en un momento en que la cultura hawaiana estaba siendo desplazada, organizó las primeras regatas modernas de outrigger. La Molokai Hoe, establecida en 1952, elevó el deporte a su dimensión épica actual.
El outrigger en el siglo XXI
El outrigger canoa es hoy uno de los deportes de agua de más rápido crecimiento en el mundo. Más allá del Pacífico, el outrigger ha llegado a Europa, América Latina, Asia y África, atraído por su combinación de exigencia física, contacto con el mar y comunidad. En España, el outrigger ha ganado practicantes especialmente en las islas Canarias y en las costas mediterráneas.
La versatilidad del outrigger es parte de su atractivo: se puede remar en ríos, lagos o el mar; se puede practicar como deporte de competición de alto nivel o como actividad de recreo y fitness; y la versión individual (OC-1) o de equipo (OC-6) permite adaptarse a distintas preferencias.