La pregunta lleva décadas rondando los debates del remo costero: ¿cuándo llegará el momento en que este deporte de raíces tan profundas y alcance tan global obtenga el reconocimiento máximo del olimpismo? La respuesta sigue siendo esquiva, pero el camino recorrido en los últimos años ha sido significativo.
Los antecedentes: remo en los Juegos
El remo tiene presencia olímpica desde los Juegos de París 1900. Sin embargo, la modalidad que figura en el programa olímpico es el remo de banco móvil en aguas tranquilas, muy diferente del remo costero en el mar. Las traineras vascas, los outriggers polinesios y las yolas bretonas nunca han tenido un lugar oficial en los Juegos Olímpicos.
Durante el siglo XX, la diferencia entre el remo olímpico y el remo costero era tan marcada que la posibilidad de inclusión no se planteaba seriamente. Eran mundos distintos, con culturas propias y sin conexión institucional formal.
El papel de World Rowing
El cambio empezó cuando World Rowing (entonces llamada FISA) decidió ampliar su ámbito de actuación más allá del remo olímpico de banco móvil. La creación del Campeonato del Mundo de Remo Costero (WRCh) en 2011 fue la primera señal clara de que la federación internacional tomaba en serio el remo de mar como modalidad con futuro propio.
La WRCh reunió por primera vez en una competición oficial internacional a las distintas tradiciones del remo costero. El impacto fue inmediato: el número de países afiliados a World Rowing que practicaban alguna forma de remo costero creció significativamente, y la visibilidad internacional del deporte aumentó de forma notable.
La propuesta de pruebas costeras olímpicas
A partir de 2015, World Rowing comenzó a explorar activamente la posibilidad de proponer al Comité Olímpico Internacional (COI) la inclusión de pruebas de remo costero en los Juegos. La propuesta más concreta era añadir una o dos pruebas de mar abierto al programa del remo olímpico, utilizando embarcaciones de banco móvil adaptadas a las condiciones costeras.
Esta propuesta tenía la ventaja de no requerir la creación de un deporte olímpico completamente nuevo (con todas las implicaciones institucionales que eso conlleva) sino de expandir el programa ya existente del remo dentro de los Juegos. El precedente del triatlón de aguas abiertas o el surf costero mostraba que el COI estaba abierto a formatos más dinámicos y espectaculares.
Los obstáculos: fragmentación institucional
El principal obstáculo para el reconocimiento olímpico del remo costero es la fragmentación institucional. A diferencia del remo olímpico de banco móvil, que tiene un único organismo rector (World Rowing), el remo costero está gestionado por múltiples entidades que no siempre se coordinan:
- World Rowing: gestiona el WRCh y las modalidades de remo costero derivadas del remo olímpico
- Federación Internacional de Va’a (IVF): gestiona el outrigger canoa polinésico
- International Canoe Federation: considera el outrigger como modalidad propia del piragüismo
El COI ha señalado esta fragmentación como un obstáculo real: no puede reconocer un deporte que no tiene una federación internacional única y reconocida para representarlo.
Los Juegos de París 2024 y el surf
La inclusión del surf como deporte olímpico a partir de los Juegos de Tokio 2020 fue un mensaje importante para el remo costero. El COI demostró estar dispuesto a incluir deportes que combinan la naturaleza, el espectáculo televisivo y un atractivo para el público joven. El surf, el skateboard y la escalada abrieron la puerta a un concepto más amplio de deporte olímpico.
Desde esa perspectiva, el remo costero tiene argumentos: es un deporte espectacular, se practica en entornos naturales fotogénicos (el mar), tiene raíces culturales profundas y una base de practicantes global. Si World Rowing y las federaciones de outrigger logran unificar su propuesta, el camino hacia los Juegos podría no ser tan largo como parece.
El futuro: optimismo cauteloso
Los responsables del remo costero son cautelosamente optimistas. La tendencia del COI hacia deportes más dinámicos y visualmente atractivos, el crecimiento del WRCh y la creciente popularidad del outrigger como deporte de fitness urbano son señales positivas. Pero el proceso olímpico es lento, las negociaciones institucionales son complejas y el programa olímpico ya está saturado.
Lo que sí es seguro es que el remo costero continuará creciendo con independencia de lo que decida el COI. Las comunidades que practican este deporte no necesitan los Juegos Olímpicos para saber que lo que hacen es importante.