El velocista que cambió de pista
Hay jugadores de rugby a 7 que son rápidos. Y luego está Carlin Isles, que es una categoría aparte. Con un tiempo personal de 10.13 segundos en los 100 metros lisos, Isles es el jugador más veloz que ha competido jamás en el circuito mundial de rugby a 7, y sus carreras con el balón son de las imágenes más deslumbrantes que el sevens ha producido.
Nacido el 16 de julio de 1990 en Columbus, Ohio, Carlin Isles creció practicando atletismo. En la universidad compitió como velocista especializado en los 100 y 200 metros, alcanzando tiempos que lo colocaban entre los mejores velocistas universitarios de Estados Unidos. El atletismo olímpico parecía su destino natural.
Sin embargo, el destino tuvo otros planes. O más bien, Isles los eligió.
La transición al rugby: de la pista al campo de hierba
La historia de cómo Carlin Isles llegó al rugby a 7 es tan improbable como la velocidad que lleva. En 2012, sin experiencia previa en el rugby, Isles fue invitado a una prueba con el programa de rugby a 7 de Estados Unidos. Los entrenadores americanos, conscientes del potencial de su velocidad extraordinaria en el espacio abierto del sevens, querían ver si podía aprender el deporte suficientemente rápido.
Aprendió. Las habilidades básicas del rugby —el placaje, el pase, la posición defensiva— son técnicas que pueden enseñarse a cualquier atleta con suficiente capacidad y dedicación. Lo que no puede enseñarse es un tiempo de 10.13 en los 100 metros. Isles tenía lo inensiñable y aprendió lo enseñable con una rapidez que sorprendió a todos.
En menos de un año, Isles era parte del equipo nacional americano de rugby a 7 y competía en el circuito mundial. Su debut fue una declaración de intenciones: en el primer partido en que tocó el balón con espacio por delante, quedó claro que el circuito tenía un problema nuevo.
La velocidad como arma táctica
En el rugby a 7, la velocidad es el activo más valioso. Cuando un defensor está frente a un jugador que puede correr 100 metros en 10.13 segundos, sus opciones son limitadas. Si decide adelantarse a intentar el placaje antes de que el atacante coja velocidad, el atacante puede esquivarlo. Si espera a ver qué hace el atacante, el atacante ya tiene velocidad y el defensor no puede alcanzarlo por más que intente.
Los defensores de los mejores equipos del circuito han encontrado maneras de frenar a Isles —la coordinación defensiva, el marcaje estricto desde el primer contacto, las patadas que impiden que reciba el balón en espacio abierto— pero nunca de forma completamente efectiva. Un jugador que puede hacer 100 metros en 10.13 segundos siempre tiene opciones en el sevens.
Isles ha marcado tries imposibles en el circuito mundial: carreras de 50, 60, 70 metros donde simplemente ningún defensor podía alcanzarle. Jugadores de diferentes países, equipos y estilos han intentado reducir su impacto con mayor o menor éxito, pero ninguno ha encontrado la forma perfecta de neutralizar lo que es fundamentalmente una ventaja física sin equivalente.
La carrera paralela: rugby y atletismo
Durante años, Carlin Isles mantuvo su carrera atlética en paralelo con su carrera rugbística. Competía en pruebas de 100 y 200 metros cuando el calendario de sevens lo permitía, y su tiempo de 10.13 en los 100 metros es relativamente reciente, lo que demuestra que su rendimiento como velocista se mantuvo incluso mientras desarrollaba su carrera en el rugby.
Esta doble condición de atleta de élite y jugador de rugby a 7 es única en el circuito mundial. Ningún otro jugador de la historia del World Sevens Series ha tenido un palmarés atlético comparable. Isles es un experimento en tiempo real de hasta dónde puede llegar la velocidad pura cuando se combina con el aprendizaje del rugby a 7.
El impacto en Estados Unidos y el rugby americano
Carlin Isles ha sido una de las figuras más importantes en el crecimiento del rugby a 7 en Estados Unidos. Un país con una cultura deportiva dominada por el fútbol americano, el baloncesto, el béisbol y el hockey ha comenzado a prestar atención al rugby a través de sus estrellas en el circuito mundial, y Isles ha sido sin duda una de las más visibles.
Su historia —el velocista que se convirtió en jugador de rugby sin experiencia previa y se convirtió en uno de los más conocidos del circuito— es también un argumento perfecto para el reclutamiento de atletas americanos al rugby. Si un atleta con cero experiencia rugbística puede llegar al nivel del World Sevens Series, ¿qué podría lograr un jugador con esa velocidad y formación rugbística desde la infancia?