El rugby 7 es una variante del rugby union que se juega con siete jugadores por equipo en un campo de tamaño estándar, lo que genera partidos de alta velocidad, con grandes espacios abiertos y numerosas situaciones de contacto entre jugadores que se desplazan a máxima intensidad. Esta dinámica hace que el perfil de lesiones del rugby 7 sea especialmente exigente, con una alta proporción de traumatismos por contacto y lesiones musculares por los sprints repetidos.
Lesiones más frecuentes
Conmoción cerebral. Es una de las lesiones más graves y más frecuentes en el rugby 7. Los placajes en alta velocidad, las caídas al suelo y los impactos cabeza-cabeza pueden producir un traumatismo craneoencefálico leve que se manifiesta con confusión, mareo, cefalea y alteraciones de la memoria. Su correcta identificación y gestión son críticas para la salud del deportista a largo plazo.
Esguince de rodilla y lesión de ligamento cruzado anterior. Los cambios de dirección explosivos con el pie apoyado en el suelo —los famosos side-steps y fijadas— generan fuerzas rotacionales sobre la rodilla que pueden desgarrar el ligamento cruzado anterior. Esta lesión implica cirugía y una recuperación de entre ocho y doce meses.
Rotura de ligamentos del tobillo. Las torsiones de tobillo son muy comunes en el rugby 7, tanto en los contactos como en los apoyos sobre el césped irregular. Los ligamentos laterales son los más afectados, con cuadros que van desde el esguince leve hasta la rotura completa.
Distensión y rotura de isquiotibiales. Los sprints máximos repetidos a lo largo de los partidos de un torneo —habitualmente varios en un mismo día— agotan la musculatura posterior del muslo y aumentan exponencialmente el riesgo de rotura fibrilar al final de la jornada.
Lesiones del hombro y acromioclavicular. Las caídas sobre el hombro y los impactos en placajes pueden separar la articulación acromioclavicular o luxar el hombro, especialmente en jugadores con laxitud articular previa o sin una musculatura periarticular bien desarrollada.
Factores de riesgo
La fatiga acumulada durante los torneos de rugby 7 es el principal factor de riesgo. Los equipos pueden disputar tres o cuatro partidos en un mismo día durante los circuitos mundiales. Esta acumulación de esfuerzo reduce la capacidad de reacción neuromuscular y aumenta la vulnerabilidad ante los contactos y los gestos explosivos.
La falta de dominio de la técnica de placaje es el principal factor de riesgo para las conmociones cerebrales. Un placaje con la cabeza en posición incorrecta, especialmente con la cabeza adelantada, multiplica el riesgo de impacto cráneo a cráneo o de lesión cervical.
La hidratación y la nutrición entre partidos también influyen en la capacidad de los tejidos musculares de resistir las demandas del juego. Los deportistas que no reponen adecuadamente el glucógeno y los líquidos entre encuentros presentan mayor rigidez muscular y menor eficiencia neuromuscular.
Cómo prevenirlas
La educación en la técnica correcta de placaje —con la cabeza fuera del contacto, el cuerpo en posición de fuerza y el impulso desde las piernas— es la intervención preventiva más eficaz para reducir las conmociones cerebrales. Esta técnica debe entrenarse desde las categorías inferiores y reforzarse periódicamente.
Los programas de prevención de lesiones de rodilla como el FIFA 11+ adaptado al rugby, que incluyen ejercicios de fuerza excéntrica de isquiotibiales, trabajo de aterrizaje y control neuromuscular, han demostrado reducir la incidencia de lesiones de ligamento cruzado anterior.
La gestión de la carga durante los torneos, con una planificación del calentamiento, la recuperación entre partidos y la nutrición, es fundamental para mantener el rendimiento neuromuscular a lo largo del día.
Recuperación
La conmoción cerebral requiere seguir estrictamente el protocolo de retorno gradual al juego establecido por World Rugby, que incluye cinco etapas progresivas y no puede acelerarse bajo ninguna circunstancia. Las lesiones de ligamento cruzado anterior requieren cirugía de reconstrucción y una rehabilitación de larga duración. Las lesiones musculares y los esguinces de tobillo se gestionan con fisioterapia progresiva, con tiempos de recuperación variables según la gravedad que oscilan entre una semana para los esguinces leves y varios meses para las roturas musculares completas.