El ollie es el punto de partida de todo el skateboard moderno. Antes de su invención, los skaters dependían de las rampas y del contacto directo de las manos con la tabla para elevarla. Cuando Alan Gelfand demostró que era posible hacer saltar la tabla usando únicamente los pies, abrió una puerta que cambió la disciplina para siempre. Rodney Mullen, al trasladarlo al skate de calle en 1982, convirtió el ollie en el ABC del skateboard: sin él, prácticamente ningún truco contemporáneo existe.
La mecánica del ollie parece simple, pero su dominio requiere una coordinación precisa entre ambos pies. La secuencia es la siguiente: el pie trasero golpea el tail contra el suelo (pop), lo que provoca que la nariz suba; en ese instante, el pie delantero se desliza hacia adelante rozando la tabla para nivelarla horizontalmente en el punto más alto del salto. El resultado es que tabla y skater ascienden como una unidad, sin ningún apoyo externo. La percepción de que “la tabla flota” es una ilusión óptica creada por esta sincronía milimétrica.
En el contexto olímpico, el ollie no puntúa como truco independiente, pero está presente en cada secuencia de park y street. Los jueces evalúan la altura, la limpieza y la precisión con que se realizan los trucos derivados, todos ellos imposibles sin un ollie sólido como base. Para cualquier skater —amateur u olímpico— aprender el ollie es el primer objetivo real y el indicador más claro de que el progreso ha comenzado.