En la historia del deporte, son muy pocos los casos de un deporte creado por una sola persona con un propósito conscientemente definido. James Naismith inventó el baloncesto, pero lo hizo para resolver un problema práctico inmediato. Hermann Brandt inventó el tchoukball desde un marco teórico completo, fundamentado en la biología y la pedagogía, con el objetivo de transformar la manera en que el ser humano practica el deporte de equipo.
El científico antes del deportista
Hermann Brandt nació en Suiza alrededor de 1930 y desarrolló su carrera profesional como biólogo en un entorno académico europeo profundamente marcado por el humanismo y la preocupación por el bienestar humano. Su interés por el deporte no era el de un competidor o un entrenador, sino el de un científico que observaba en el deporte de equipo una serie de fenómenos que le preocupaban profundamente.
Lo que Brandt veía era un patrón sistemático: los deportes de equipo más populares —fútbol, balonmano, rugby, baloncesto— generaban consistentemente una cantidad elevada de lesiones, promovían comportamientos agresivos y competitivos que no contribuían al desarrollo humano positivo, y tendían a excluir a quienes no tenían las características físicas específicas que cada deporte favorecía.
Como biólogo, Brandt no se quedó en la observación. Quiso entender las causas estructurales de estos problemas: ¿por qué el balonmano genera más lesiones que otros deportes? ¿Cuáles son los elementos del reglamento que incentivan la agresividad? ¿Cómo podría diseñarse un deporte que eliminara estas causas sin perder la riqueza del juego colectivo?
El estudio de 1970 y el nacimiento del tchoukball
En 1970, Brandt publicó La crítica científica del deporte de equipo, el documento que cambiaría la historia del deporte. Este estudio presentaba sus conclusiones sobre las causas de las lesiones y la agresividad en el deporte de equipo, y proponía los principios de un nuevo deporte que las eliminara.
El nuevo deporte que Brandt describió tenía reglas concretas derivadas directamente de sus conclusiones científicas:
- Sin contacto físico: eliminaba las colisiones, causa principal de lesiones.
- Sin marcaje individual: eliminaba la confrontación personal directa.
- Dos trampolines en lugar de porterías con portero: eliminaba el duelo físico portero-lanzador.
- Tres pases máximos: obligaba a todos los jugadores a participar activamente.
El sonido “tchouk” que hacía el balón al golpear la red elástica del trampolín dio nombre al nuevo deporte: tchoukball.
Su influencia en la organización del deporte
Brandt no se limitó a diseñar el deporte: también participó activamente en la creación de las estructuras organizativas necesarias para que el tchoukball se desarrollara. La fundación de la FITB en 1971, apenas un año después de la publicación de su estudio, contó con su implicación directa.
Su influencia en la filosofía de la federación internacional fue decisiva: los valores de fair play, no contacto e inclusión que la FITB promueve hoy en día son directamente los valores que Brandt articuló en su estudio de 1970 y que plasmó en el reglamento original del tchoukball.
Un legado que crece
El legado de Hermann Brandt es el propio tchoukball: un deporte practicado en decenas de países en cinco continentes, con campeonatos mundiales regulares, categorías inclusivas y una filosofía de juego que sigue siendo tan relevante hoy como lo era hace más de medio siglo. En un mundo donde la preocupación por las lesiones en el deporte de alto rendimiento —especialmente las cerebrales en el fútbol americano o el rugby— está en auge, la visión de Brandt resulta más pertinente que nunca.