En todo el panorama del deporte competitivo de élite mundial, el ultimate frisbee tiene una distinción que ningún otro deporte puede reclamar: se juega sin árbitros. No solo en los partidos de parque o en las ligas recreativas de los campus universitarios —en esos contextos, muchos deportes prescinden del árbitro— sino en los Campeonatos del Mundo de la WFDF, en los torneos más prestigiosos del circuito y en los encuentros entre los mejores equipos del planeta. Cuando los mejores jugadores del mundo de ultimate frisbee se enfrentan en una final mundial, no hay ningún árbitro en el campo que decida si una falta fue real o imaginada, si el receptor puso los pies dentro o fuera de la zona de anotación, o si una llamada de falta es válida o inapropiada. Lo deciden los propios jugadores.
Este principio, conocido como el «Spirit of the Game» o Espíritu del Juego, no es una regla más del ultimate frisbee: es su fundamento filosófico más profundo. Está escrito en las reglas del deporte desde sus primeras versiones y se enseña a los nuevos jugadores antes que cualquier aspecto técnico del juego. El Spirit establece que cada jugador tiene la responsabilidad de conocer las reglas, de aplicarlas con honestidad, de declarar sus propias faltas cuando las comete y de resolver los desacuerdos con los rivales a través del diálogo, no de la confrontación. En la práctica, esto significa que cuando un jugador siente que ha sido objeto de una falta, puede llamarla. El jugador que supuestamente la cometió puede aceptarla —lo que detiene el juego y devuelve el disco a la posición anterior— o negarla, en cuyo caso los dos jugadores deben intentar llegar a un acuerdo. Si no lo consiguen, el disco vuelve al lanzador anterior y se repite la jugada.
El «Spirit of the Game» como récord en el mundo del deporte moderno merece reconocimiento en sí mismo. En un contexto donde el fútbol profesional ha visto el auge del VAR precisamente por la dificultad de confiar en la autoevaluación de los jugadores, y donde casi todos los deportes de equipo de alto nivel han aumentado el número de árbitros y tecnologías de control, el ultimate frisbee mantiene su apuesta por la responsabilidad individual. Que esa apuesta funcione —y los datos de incidentes en torneos de élite confirman que funciona— es quizás el mayor récord de este deporte: el único en el mundo capaz de llegar al más alto nivel competitivo con la confianza en la honestidad de sus jugadores como único mecanismo de control.