Cuando el ultimate frisbee empezó a organizarse como deporte con competiciones internacionales regladas en los años 80, la pregunta no era si Estados Unidos dominaría, sino por cuánto margen. El país que inventó el deporte —en los campos del Columbia High School de Maplewood, Nueva Jersey, a finales de los años 60— había tenido dos décadas para desarrollar una cultura del ultimate que no tenía equivalente en ningún otro lugar del mundo. Las universidades americanas habían adoptado el deporte con entusiasmo, las ligas universitarias habían crecido hasta convertirse en las más competitivas del mundo, y una generación de jugadores con miles de horas de experiencia acumulada estaba lista para demostrar su superioridad en el escenario mundial.
Los resultados en los Campeonatos Mundiales de la WFDF confirmaron el dominio americano generación tras generación. En la categoría masculina, la selección de Estados Unidos ha sido la potencia más laureada de la historia del deporte, con una colección de títulos mundiales que ningún otro país ha podido acercarse. La profundidad del ultimate americano es tan grande que la selección nacional puede estar formada por jugadores que en su país no han llegado nunca al primer equipo de los mejores clubes: el nivel de la base es tan alto que incluso los jugadores de «segunda fila» del sistema americano son de élite mundial en términos absolutos. Esta profundidad es el mayor activo del ultimate estadounidense frente a sus competidores, que pueden tener una estrella o dos de nivel comparable, pero no la densidad de talento que tiene el país fundador del deporte.
La hegemonía de Estados Unidos en el ultimate frisbee mundial no ha sido total ni permanente. Colombia ha sorprendido al país fundador del deporte en algunas ediciones del Campeonato Mundial, y el crecimiento del ultimate en Asia —con Japón como potencia emergente— y en América Latina está reduciendo la brecha entre el líder histórico y el resto del mundo. Cada nueva generación de jugadores de países que han abrazado el ultimate en las últimas décadas acumula experiencia internacional y mejora sus niveles técnicos, acercándose al estándar americano. Pero la ventaja histórica de Estados Unidos, construida durante más de cincuenta años de práctica masiva y competición de alto nivel, sigue siendo el factor más determinante en el palmarés acumulado del ultimate frisbee mundial.