En noviembre de 2018, la Asamblea General de World Sailing en Sarasota (Florida) tomó una de las decisiones más polémicas de la historia de la vela olímpica: eliminar la clase Finn del programa de los Juegos Olímpicos de París 2024. Sesenta años de historia ininterrumpida acababan de terminar con un voto de delegados que muchos en la comunidad velista nunca perdonaron.
El contexto: las presiones del Comité Olímpico Internacional
Para entender la eliminación del Finn, hay que entender la presión creciente que el COI (Comité Olímpico Internacional) ejerce sobre todas las federaciones deportivas para modernizar sus programas:
Los criterios del COI para 2024
Desde mediados de la década de 2010, el COI aplicó criterios más estrictos para evaluar los deportes y eventos olímpicos:
- Paridad de género: cada deporte debe tener igual número de atletas masculinos y femeninos, o aproximarse a ello.
- Espectáculo y juventud: los deportes deben ser espectaculares para audiencias televisivas jóvenes.
- Universalidad: preferencia por deportes practicados en muchos países, no solo en los más ricos.
- Reducción del número de atletas: el COI quería reducir el número total de olímpicos.
El Finn fallaba en casi todos estos criterios: era una clase exclusivamente masculina, sin equivalente femenino viable; no era especialmente espectacular para audiencias no especializadas; y tenía costes de equipamiento relativamente altos que limitaban su acceso en países en desarrollo.
Los argumentos a favor de la eliminación
World Sailing, bajo presión del COI, argumentó:
- Paridad de género: el Finn ocupa una plaza masculina sin contrapartida femenina equivalente. Para lograr la paridad, había que o eliminar plazas masculinas o añadir femeninas. El Finn era candidato obvio por sus características físicas (que hacen impráctica una versión femenina competitiva).
- Espectáculo: un monoplaza sin spinnaker, con un regatista corpulento colgado del costado del barco, no es fácil de comunicar televisivamente al público general.
- El futuro de la vela: el COI quería ver clases con foil, más velocidad y más imagen de modernidad.
- El iQFoil como alternativa: el windsurf con foil ofrecía velocidades de 40+ nudos, imágenes espectaculares y la posibilidad de clases masculina y femenina equivalentes.
Los argumentos en contra: la campaña de Ben Ainslie
Ben Ainslie, cuatro veces campeón olímpico en Finn, lideró una campaña pública internacional para salvar la clase:
- Historia y legado: 60 años de historia olímpica ininterrumpida, comenzando en Helsinki 1952. Eliminar el Finn es borrar parte del ADN olímpico de la vela.
- El atleta de peso: el Finn es el único espacio olímpico para regatistas de mayor envergadura física. Su eliminación significa que un regatista de 95 kg no tiene ninguna clase olímpica en la que pueda competir de forma relevante.
- La calidad de la competición: el nivel de los Campeonatos del Mundo de Finn era altísimo, con atletas que se preparaban como los mejores deportistas olímpicos del mundo.
- La injusticia del proceso: muchos en la comunidad Finn argumentaron que el proceso de votación no fue transparente y que los intereses comerciales de algunas clases influyeron en el resultado.
Ainslie llegó a hablar con miembros del COI directamente y declaró públicamente que la decisión era “una catástrofe para el deporte”. La campaña fue intensa pero no prosperó.
La votación de noviembre de 2018
En Sarasota, los delegados de World Sailing votaron el programa de vela para París 2024. El Finn no alcanzó los votos necesarios para mantenerse. Las clases ganadoras incluyeron el iQFoil, la clase offshore mixta y la continuidad de las clases ILCA, 49er, 49erFX, 470 mixto y Nacra 17.
El resultado fue recibido con una mezcla de tristeza, enfado y resignación por la comunidad Finn. Países con tradición en la clase —Gran Bretaña, Hungría, Croacia, España— perdían su espacio olímpico para sus atletas más pesados.
El legado: el Finn fuera del olimpismo
La eliminación del Finn del olimpismo no mató la clase, pero la herida fue profunda:
- Sin el escaparate olímpico, el número de fabricantes y barcos nuevos se redujo.
- Muchos regatistas jóvenes que habrían elegido el Finn ahora buscan otras clases olímpicas.
- Los veteranos siguen compitiendo en los mundiales y europeos, que mantienen un nivel alto.
El Finn sigue siendo un barco magnífico para navegar: poderoso, físico, técnico y lleno de personalidad. Su historia olímpica es irrenunciable. Pero sin los Juegos, su futuro a largo plazo es incierto, y esa es quizás la herencia más amarga de la decisión de Sarasota.