Desde Helsinki 1952 hasta Tokio 2020: 68 años en el programa olímpico, 18 ediciones de los Juegos, los mejores regatistas de cada generación compitiendo bajo la misma vela triangular. La clase Finn no era solo un velero. Era una institución de la vela olímpica. Y en 2018, con un voto en el Congreso de World Sailing, dejó de serlo.
El diseño que lo cambió todo
El Finn nació en 1949 de la mano del diseñador finlandés Richard Sarby, que respondió a una convocatoria del Comité Olímpico para crear una clase unipersonal económica, manejable y exigente. El resultado fue un velero de 4,50 metros, con casco de madera (luego fibra), una única vela de aparejo libre —sin foque, sin spinnaker— y una característica peculiar que lo diferenciaría para siempre de otras clases: el uso del peso corporal del regatista como herramienta de control de la vela.
En el Finn, el regatista no solo dirige. Trabaja. Los mecanismos de ajuste de la vela son físicos: el cunningham, el vang, la escota son instrumentos que se manejan con la fuerza del cuerpo mientras se navega. El navegante, tumbado sobre la regala para contrarrestar el escoramiento, usa cada músculo del cuerpo para mantener la vela en el ángulo correcto.
Por este motivo, el Finn favorece a navegantes altos y pesados —entre 85 y 100 kg— que pueden generar más momento de endrizamiento. Fue la única clase olímpica diseñada específicamente para ese perfil físico.
Paul Elvstrøm y la era dorada
El primer gran campeón del Finn fue Paul Elvstrøm, el danés al que muchos consideran el mejor regatista del siglo XX. Ganó cuatro oros olímpicos consecutivos en la clase Finn (Helsinki 1952, Melbourne 1956, Roma 1960, Tokio 1964) y redefinió la técnica de la vela ligera. Su método de entrenamiento, que incluía ejercicios físicos sistemáticos cuando la mayoría de los regatistas eran puros amateurs, estableció el estándar moderno del regatista profesional.
Tras Elvstrøm, el Finn produjo campeones de todos los países. La clase fue dominada en distintas épocas por daneses, suecos, holandeses, británicos y brasileños. La universalidad de la clase —construible en madera por cualquier carpintero— permitió que naciones sin grandes recursos compitieran con las potencias navales.
La era Ben Ainslie
Si Elvstrøm estableció el Finn como clase de referencia, Ben Ainslie lo consagró como la clase de la excelencia táctica. El británico compitió en cinco Juegos Olímpicos con el Finn (y uno previo en Laser): ganó plata en Atlanta 1996 en Laser, luego oro en Sídney 2000, Atenas 2004, Pekín 2008 y Londres 2012 en Finn, y bronce en Río 2016 también en Finn. Con cuatro oros en Finn, Ainslie es el regatista olímpico de vela más exitoso de la historia.
Su dominio no era solo físico —Ainslie pesa alrededor de 95 kg, ideal para la clase— sino táctico. Era capaz de transformar una posición comprometida en ventaja, leer el viento con precisión milimétrica y aguantar la presión de la carrera final. En Londres 2012, con toda Gran Bretaña mirando, ganó el oro en el campo de regatas de Weymouth ante su público.
Joan Cardona y España
España produjo uno de los últimos grandes regatistas de Finn en Joan Cardona, el gallego que dominó el circuito mundial en los años previos a la desaparición olímpica de la clase. Cardona fue múltiple medallista en Campeonatos del Mundo de Finn, representó a España en Tokio 2020 y se convirtió en el mejor resultado español en la clase en décadas.
La retirada del Finn del programa olímpico dejó a Cardona sin una clase en la que competir por medallas olímpicas. Como muchos regatistas de peso de la clase, tuvo que reorientarse hacia el 470 Mixto para París 2024. Su caso ilustra el drama humano detrás de las decisiones institucionales que eliminan clases.
La polémica retirada
En el Congreso de World Sailing de 2018 en Sarasota, los delegados votaron excluir al Finn del programa de París 2024. Los argumentos oficiales:
- El COI exigía más pruebas mixtas y más espectacularidad (foils)
- El Finn era la única clase solo masculina que quedaba
- Las clases de foil (iQFOiL, Formula Kite) generaban más audiencia
Los argumentos en contra, liderados por la Finn Class Association y por Ben Ainslie personalmente:
- El Finn era la única clase para navegantes de perfil físico pesado
- Eliminarla discriminaba a un tipo de atleta
- La clase tenía 68 años de historia olímpica ininterrumpida
- La espectacularidad no debería ser el único criterio
La campaña #SaveTheFinn reunió firmas y apoyos de ex campeones olímpicos de vela de múltiples países. No fue suficiente. El voto se mantuvo.
El legado
El Finn sigue siendo clase activa. Los Campeonatos del Mundo de Finn se celebran anualmente con participación de decenas de países. Muchos de sus regatistas, al ver cerrada la puerta olímpica, han continuado compitiendo por el placer del deporte, demostrando que la vitalidad de una clase no depende de su presencia en los Juegos.
La historia del Finn es también la historia de una tensión irresuelta en la vela olímpica: ¿debe el programa olímpico maximizar la espectacularidad para la audiencia de televisión, o debe mantener la diversidad de disciplinas y perfiles físicos que han caracterizado a la vela durante un siglo?
La respuesta que dio World Sailing en 2018 fue clara. Si fue la correcta, solo el tiempo —y los índices de audiencia de París 2024— lo dirán.