Durante siglos, la velocidad máxima de un velero estuvo limitada por la fricción del agua contra el casco. Navegar más rápido significaba construir cascos más finos, velas más grandes, quillas más eficientes. Pero siempre dentro de los límites de lo que un barco que se desplaza por el agua puede lograr. Hasta que alguien pensó en volar.
El principio físico del foil
Un foil (del inglés, “ala”) es un apéndice hidrodinámico que funciona bajo el agua exactamente como un ala de avión funciona en el aire: su forma curva hace que el agua fluya más rápido por encima que por debajo, creando una diferencia de presión que genera sustentación. Cuando esa sustentación es mayor que el peso del barco, el casco se eleva sobre la superficie del agua.
Al volar sobre el agua, el barco elimina casi toda la fricción del casco —que es la mayor fuente de resistencia en la navegación convencional— y puede acelerar de forma exponencial. Con viento suficiente, un barco con foil puede alcanzar velocidades tres o cuatro veces superiores al viento real que lo empuja.
Los pioneros: Héritage y los primeros experimentos
Los experimentos con foils en vela comenzaron mucho antes de lo que la mayoría cree. El inventor Alexander Graham Bell ya experimentó con hidroplanos acuáticos a principios del siglo XX. En los años 50, el marino inglés Christopher Hook diseñó el “Hydrofoil Canoe”, una embarcación que podía levantarse sobre el agua.
En vela de regata, los primeros foils experimentales serios llegaron en los años 90 con proyectos universitarios y de investigación en Estados Unidos, Australia y Nueva Zelanda. El Moth (una clase de derivación de un solo tripulante de dos metros de eslora) fue la primera clase en adoptar el foiling de forma masiva a principios de los 2000, gracias a su diseño permisivo y a la comunidad de vela experimental que lo rodeaba.
2013: San Francisco y el punto de inflexión
La revolución llegó a la atención del mundo en la Copa América de 2013 en la bahía de San Francisco. Por primera vez, los dos barcos finalistas —el Oracle Team USA (defensor) y el Emirates Team New Zealand (desafiante)— navegaron en catamaranes de 72 pies (AC72) completamente sobre foils, a velocidades superiores a los 40 nudos (74 km/h).
Las imágenes de esos catamaranes de 22 metros de eslora volando literalmente sobre el agua de la bahía de San Francisco, con el puente Golden Gate al fondo, dieron la vuelta al mundo. Para quienes nunca habían prestado atención a la vela, fue una revelación. El deporte se volvió instantáneamente espectacular, fotogénico y comprensible.
La Copa América de 2013 también fue dramática: New Zealand llegó a estar 8-1 arriba en el marcador (se necesitan 9 victorias para ganar) y Oracle ganó los 8 siguientes races para ganar 9-8. Fue la remontada más épica de la historia de la Copa América.
La extensión del foiling: de la élite a los Juegos Olímpicos
Tras la Copa América de 2013, el foiling se extendió rápidamente:
- El Nacra 17 (catamarán olímpico mixto) incorporó foils para los Juegos de Tokio 2020.
- El iQFOiL (windsurf de foiling) sustituyó a la tabla de windsurf convencional en el programa olímpico de París 2024.
- El Formula Kite (kitesurf de foiling) también entró en los Juegos de París 2024.
- Los barcos IMOCA 60 del Vendée Globe incorporaron foils para la edición de 2020-2021.
- Se crearon ligas enteras de foiling: el SailGP (con catamaranes F50 de foiling) se convirtió en una de las competiciones más espectaculares del deporte motor-vela.
El AC75: un monohull que vuela
Para la Copa América de 2021, los organizadores dieron otro paso adelante: el AC75, un monohull de 75 pies (22,86 metros) con foils en forma de T que puede volar completamente sobre el agua. Un solo casco, no un catamarán, volando a más de 50 nudos. Algo que hace una década hubiera parecido ciencia ficción.
El AC75 representa el límite actual de la ingeniería naval deportiva. Sus foils son controlados electrónicamente por los tripulantes mediante pedales y controles de vuelo, en una interfaz que recuerda más a los aviones de combate que a la vela tradicional.
El debate: ¿es esto todavía vela?
La revolución del foiling no está exenta de controversia. Muchos puristas de la vela sienten que los barcos actuales de alta tecnología se han alejado tanto de las embarcaciones de vela tradicionales que ya no son “vela” en el sentido clásico. La importancia del pilotaje electrónico de los foils, la velocidad extrema que hace que el error humano sea catastrófico, y la distancia entre los costes de estos barcos y la vela popular generan debates constantes.
Otros argumentan que la evolución tecnológica siempre ha definido la vela, desde el paso del lino al nylon en las velas hasta la introducción de la fibra de carbono en los cascos. El foiling es simplemente el siguiente capítulo de una historia de innovación continua.