La historia de la vía ferrata en España es relativamente reciente, pero su ritmo de crecimiento ha sido extraordinario. En menos de treinta años, el país pasó de tener un puñado de rutas pioneras en Valencia y Murcia a convertirse en uno de los destinos de vía ferrata más importantes del mundo, con una red de más de 500 rutas y la ferrata más famosa del planeta en su territorio.
Los pioneros: Valencia y Murcia en los años 90
Las comunidades de Valencia y Murcia fueron el epicentro de los primeros equipamientos de vía ferrata en España. La razón es geológica: ambas regiones cuentan con espectaculares paredes de caliza — en las sierras interiores y en los macizos costeros — con unas condiciones de roca y un clima que las hacen ideales para la actividad.
Los primeros equipadores españoles, muchos de ellos escaladores y montañeros que habían conocido la ferrata en los Alpes, comenzaron a instalar cables, peldaños y escaleras en paredes que hasta entonces solo eran accesibles para escaladores. Las ferratas del Segura, de la Sierra de Espuña y del entorno de Alicante y Valencia establecieron las primeras rutas de referencia nacionales.
La expansión a otras comunidades
A partir del año 2000, la moda de la ferrata se extendió por toda la geografía española. Aragón, con sus espectaculares cañones prepirenaicos (Guara, Riglos, Alquézar), se convirtió en otro foco de equipamiento de primer nivel. Cataluña, con el entorno de Montserrat y las Prepirinaicas, siguió el mismo camino. Andalucía sumó el Camino del Rey como referente absoluto. Las Islas Canarias desarrollaron ferratas en entornos volcánicos únicos.
El fenómeno se extendió también a regiones menos esperadas: hoy hay ferratas en Asturias, Cantabria, el País Vasco, Castilla y León, La Rioja y hasta en Galicia. La diversidad geológica de España ha permitido desarrollar rutas con características muy distintas: cañones fluviales, paredes marinas, macizos graníticos, conglomerados y, sobre todo, las omnipresentes calizas mediterráneas.
El papel de la FEDME
La Federación Española de Deportes de Montaña y Escalada (FEDME) ha jugado un papel esencial en la estandarización y el desarrollo de la vía ferrata en España. La federación desarrolló el sistema oficial de clasificación de dificultad (F, PD, D, MD, ED) que hoy se usa en la mayoría de guías y aplicaciones españolas, y establece los programas de formación para los técnicos y guías de montaña que trabajan con grupos en ferratas.
La FEDME también ha impulsado la colaboración con los grupos de rescate de montaña para desarrollar protocolos específicos de intervención en vía ferrata — una actividad con particularidades técnicas en cuanto a rescate que la distinguen de la escalada convencional.
El boom post-COVID y el turismo de aventura
Si el crecimiento de la vía ferrata en España ya era sólido antes de 2020, la pandemia de COVID-19 actuó como acelerador. El cierre de instalaciones deportivas interiores y la búsqueda de actividades al aire libre y con distanciamiento social catapultaron el número de practicantes. Muchas ferratas registraron en 2021 y 2022 el doble o el triple de visitantes respecto a años anteriores.
Este crecimiento ha tenido consecuencias positivas —más inversión en equipamiento y señalización, más oferta formativa, más guías especializados— pero también ha planteado retos de gestión: rutas saturadas en temporada alta, deterioro del equipamiento por uso intensivo y conflictos con otros usuarios del espacio natural. El Camino del Rey, con su sistema de reserva previa y aforo limitado diario, se ha convertido en el modelo de referencia para la gestión sostenible de ferratas masivamente visitadas.
Escuelas y guías de montaña
El crecimiento de la actividad ha generado un sector profesional sólido de guías de montaña especializados en vía ferrata y escuelas de aventura que ofrecen iniciaciones. La titulación oficial de Guía de Montaña (UIMLA) y la de Técnico Deportivo de Montaña establecen los estándares formativos para quienes trabajan profesionalmente en este sector.